En: Autoestima, Felicidad, Relaciones0

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Ser mentalmente libre es tener la capacidad para decidir qué pensamientos se quedan contigo y cuáles desechar, ser mentalmente libre es poder vivir a la luz de la guía de tu corazón lejos de los impedimentos o bloqueos mentales, aquellos que tratan de hacerte creer que no puedes o que no eres lo suficientemente bueno o lo suficientemente capaz y tantas ideas similares más.

Cuando quedas atrapado por tu mente, haz de cuenta que es como estar en prisión, atado a miles de ideas que no te permiten fluir y avanzar con las experiencias.

Es dar vueltas sobre un mismo punto y mientras tanto, rumiar una y otra vez un exceso de pretextos, justificaciones, racionalizaciones y análisis de las situaciones con base en lo que te han enseñado acerca de la vida. La creencia un día se instauró en tu psique y ni te diste cuenta, luego, un estilo de pensamiento proveniente de afuera lo tomaste como propio, simplemente porque alguien te dijo o te mostró a través de su ejemplo que esa era la “verdad” sobre algo y le creíste tal vez porque estabas a una edad muy temprana en la que los cuidadores, padres, maestros o las figuras de autoridad se convierten ante la percepción de un niño en los “héroes”, aquellos que “saben lo que dicen y lo que hacen”, aquellos que supuestamente no han de estar equivocados.

Pues bien, ahora que te hiciste mayor, te corresponde construir o seguir construyendo tu propia verdad, tomando consciencia de qué es aquello que más resuena en tu interior, de qué es lo que vibra al compás de tu corazón, de qué es lo que más te anima, te motiva y te inspira a seguir avanzando en tu desarrollo personal. En este sentido, ser mentalmente libre no implica ausencia de pensamientos, sino el hecho de no dejarte dominar por aquellos que no contribuyan a tu bienestar en cualquiera de sus formas: físico, mental, emocional o espiritual.

¿Te ha llegado a pasar, por ejemplo, que tu corazón te dice que hagas algo, pero tu mente se empeña en convencerte de que no lo hagas?, ¿quieres algo, pero te llegan ideas de que eso no es lo correcto o de que no está bien desearlo ni mucho menos tratar de obtenerlo? Si es así, es porque aún eres esclavo de tu mente. No se trata de satisfacer todos los deseos de forma compulsiva o caprichosa, pero sí es necesario que te empieces a liberar de prejuicios y exceso de “deberías”, de rigidez en las ideas, de condicionamientos, de dogmas y de todo aquello que terminas haciendo por miedo, no por pasión ni convicción.

Todo esto no hace más que estimular el lado izquierdo del cerebro en detrimento del derecho encargado de la imaginación, de la creatividad, de la intuición, en otras palabras, de la sabiduría del corazón.

Con relación a ello, encontramos un sorprendente ejemplo en la vida del famoso cantante americano Marc Anthony, quien en la niñez se enfrentó con problemas de tartamudez, siendo principalmente a través de la música que los pudo resolver y cada vez que empezaba a cantar se le quitaban. Hoy en día considera que gracias a ese problema en el habla, la música se convirtió en su mejor aliada para expresar sus emociones y sentimientos. Ello responde a que cuando se escucha música, se estimula más el hemisferio derecho y la persona con dicho problema del lenguaje logra hablar adecuadamente tanto como cuando recita cantando al activarse las mismas áreas del cerebro.

Aquí vemos cómo hubo una inclinación de Marc Anthony a dejarse guiar por aquello que vibraba en coherencia con su gran motivación: cantar. No permitió que pensamientos negativos de la mente como: “No puedo”, soy tartamudo” tomaran el mando en su mente, como usualmente ocurriría cuando alguien presenta este tipo de problemas y justo tiene tal vocación que implica la habilidad en el lenguaje. Puede decirse entonces que al no ser prisionero de la mente, sino por el contrario libre de cualquier condicionamiento mental, llegó a surgir como una de las personas bastante talentosas en el mundo artístico y del espectáculo.

También, es interesante observar la libertad a nivel del pensamiento en la personalidad John Lennon, integrante del grupo musical Los Beatles, quien de niño fue obligado a decidir con cuál padre se quedaba y quien además, vivió la situación de violencia que se presentaba en su entorno. A medida que fue creciendo se fue desarrollando como una persona fuera de lo convencional, a quien no le gustaba hacer lo mismo que los demás simplemente por seguir una norma, sino que al poder librarse de los “deberías” perseguía sus sueños haciendo lo que tanto amaba: la música, al mismo tiempo que demostraba gran interés hacia otras artes como el cine, la literatura y el dibujo. Igualmente, perseguía la paz y la unión entre las personas y gustaba de los aspectos simples de la vida, lejos de complicaciones. Además, era confiado, amigable e idealista. De este modo, salió adelante sin dejarse derrotar por los obstáculos.

Así pues, este ejemplo nos muestra no solo la libertad en las ideas y maneras de pensar que se pueden asumir en consonancia con las emociones (dándole valor a lo que se anhela y se experimenta), sino también la capacidad para hacerlo independientemente de las circunstancias o de los factores externos. Después de todo, es uno mismo quién elije qué hacer o no con lo que le ocurre. Se puede decidir si se lamenta indefinidamente, si se asume el papel de víctima o el papel rígido y perjudicial de: “Tengo que…”, “Esto es absolutamente por este motivo”, “Eso está mal o es indebido”, “Eso fue lo que ya me enseñaron” y pasarse largas horas pensando de modo interminable en medio de una prisión mental, lo que limita las posibilidades para la creación, la decisión y la acción.

Para ser libre de las ideas inflexibles, anticuadas y que ya no te sirven es importante que:

Tomes mayor consciencia de lo que tu corazón o de lo que tus emociones te están comunicando, pues allí reside una sabiduría natural que resulta bastante útil en la toma de decisiones.

Te comiences a ver como un ser más autónomo, con total derecho a pensar por ti mismo y a no dejarte imponer creencias externas que no resuenen con tu interior.

Tengas la rutina de la meditación para ir entrenando la mente hacia la calma y despejarla de ideas demasiado repetidas que te desgastan psicológicamente.

Vayas hacia el logro de tus sueños, impulsado por el amor hacia lo que haces o lo que es tu intención hacer. Con ello, todo lo demás se va manifestando de manera positiva casi “automáticamente”, pues el amor en este sentido (lo contrario al ego y al miedo) conlleva a la libertad, a la confianza, a la flexibilidad, a la renovación de las ideas, a la creatividad, a superar las barreras, a ir a donde quieres llegar.

Te des cuenta que para ser libre mentalmente a nadie debes pedirle permiso, ya que es tu derecho natural. Si aún te sientes prisionero de ideas por creencias externas que dan vuelta sin parar en tus pensamientos, aquieta tu mente y empieza a darle mayor voz y voto a lo que sientes en lo profundo de tu ser, pues esa es tu propia verdad.

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