En: Autoestima, Felicidad, Relaciones0

girl-1718430_1920Una mañana soleada iba caminando por el bosque un joven llevando una mochila sobre su espalda. En esta llevaba unas cuantas frutas que esperaba comer al terminar su larga caminata. En la mitad del recorrido se sentó en una banca para descansar por un momento. De repente, un niño se hizo en la misma banca y alcanzó a ver por la abertura de la mochila del joven que adentro había unas manzanas muy maduras y apetitosas, entonces, de inmediato se antojó y con emoción dijo: “¡manzana, mi fruta favorita!”. El joven por su parte, hizo de cuenta no haber escuchado al niño y antes de que quizás le fuera a pedir que le regalara alguna, decidió levantarse y seguir por el sendero. Horas más tarde cuando el joven terminó su caminata y se dispuso a descansar, abrió su mochila para al fin comerse sus frutas, pero qué sorpresa se llevó al ver que justo en ese instante estaban siendo carcomidas por los gusanos…

Como es bien sabido, dentro de las enseñanzas de Jesucristo se encuentran: “Haz a los demás lo que te gustaría para ti mismo” y por tanto: “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Ello nos recuerda el fundamento en el que coinciden casi todas las religiones de amar al prójimo como a uno mismo. Si esto se aplica naturalmente y sin esfuerzo en la vida diaria, todo lo demás se da por añadidura. Tomar consciencia de que en esencia “tú” eres tan importante como “yo” y que no habría un “otro” si no hubiera un “yo”, así como no existiera el día sin la noche, es un primer paso muy importante para construir la tan anhelada paz. Se empieza como en todo, con uno mismo al cultivar pensamientos y sentimientos de auto-aceptación hacia la propia totalidad, dándonos un amor de calidad y abundancia. Solo después dicho amor podremos hacerlo extensivo hacia los demás, desde nuestros seres más cercanos o entorno más inmediato hasta el mundo entero. La naturaleza no solamente es bastante sabia sino que además en ella operan unas leyes llenas de sentido y que nos involucran a nosotros los humanos como parte de ella. Una de estas leyes es que tarde o temprano nos viene de regreso todo lo que hayamos brindado o generado en pensamientos, emociones, palabras y acciones hacia los demás.

Así pues, para comprender el porqué no obtenemos todo lo bueno, bonito y positivo de parte de los otros, es necesario revisar qué es lo que estamos dando. Asimismo, si queremos más amor, afecto, consideración y apoyo debemos preguntarnos qué tanto amor, afecto, consideración y apoyo estamos ofreciendo, así de simple, no con el propósito de juzgar y criticarnos sino de comprender y decidir.

Ahora bien, hay otros casos en donde la persona no obtiene suficiente amor por parte de los demás no necesariamente porque su actitud sea indiferente o carente de afecto, de hecho, puede tratarse de aquellas personas que todo el tiempo están buscando la manera de ayudar y que se “sacrifican” por los demás, más aún así no obtienen lo deseado. En este caso puede ser que ella no se esté amando primero a sí misma y por tanto, no hay un genuino dar de su parte, sino que consciente o inconscientemente lo que brinda es por miedo o por recibir aprobación y atención mediante sus actos de “sacrificio”. En consecuencia, solo puede atraer a personas que confirmen sus creencias más profundas de: “no soy lo suficientemente digna de amor incondicional” que hay en común en las personas con baja autoestima. Recuerda que tus relaciones con los otros son un espejo de la relación que tienes contigo mismo y viceversa.

Por lo tanto, la clave para ser feliz en las relaciones humanas está en comportarse con los demás tal como se desearía que se comportaran con uno mismo, pero desde el amor propio, la libertad y sin esperar nada a cambio, no desde el miedo ni por pretender agradar o ser aceptado.

También, no solo se trata de dar, sino de tener la plena disposición de hacerlo, no solo se trata de lo que se hace, sino de la actitud con la que se hace. Entonces interésate no solo por dar sino de dar pero con generosidad y con una actitud de receptividad, empatía, bondad y carisma.

Ha habido personas generosas en el dar, cuyo comportamiento lo han aprendido a través del tiempo, incluso gracias a las mismas situaciones difíciles por las que han atravesado. Por ejemplo: Olga Breeskin es actualmente una destacada violinista mexicana. En su juventud atravesó por una crisis personal muy profunda debido a las drogas, al alcohol, a la prostitución y a la quiebra financiera, todo lo cual cambió a partir de que empezó a seguir las enseñanzas de Jesús. En el año 2007 una amiga la invitó a un retiro espiritual y aunque al principio puso resistencia, luego aceptó. Para el año 2008 ya estaba cultivando la fe en Dios y fue integrando a su vida las enseñanzas cristianas. Más adelante dio un giro completo en su vida, abrió una clínica especializada en tratar a niños con asma. En sus canciones ha disfrutado alabando a Dios y ha tenido firmes intenciones de ser un instrumento amoroso para ayudar a los seres que han vivido en la desgracia así como la que ella sufrió. Ha dado en numerosas ocasiones su testimonio buscando inspirar a otros a la superación. En el año 2016 protagonizó el filme: “Bellas de noche” de la cineasta Maria José Cuevas. Así pues, podemos observar que en medio de su historia de grandes dificultades se ha permitido abrir su mente y su corazón para buscar una salida, pero también ha sabido ponerse en el lugar de otras personas. Al brindar su solidaridad y apoyo la vida le ha ofrecido un continuo progreso a nivel personal, social y profesional.

También encontramos el caso de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, a quien se le considera uno de los jóvenes más millonarios del mundo. No terminó su carrera en informática, así como la mayoría de sus compañeros. Él considera que para tener éxito se necesita a veces seguir caminos distintos al común de la gente, dejar el temor y emplear la imaginación. Asimismo piensa que es importante tener un objetivo muy alto para triunfar y que eso lo hacen las personas que no tienen miedo al fracaso. Mark ha guiado su comportamiento con base en la cualidad de la generosidad, pues sabe bien que para recibir primero hay que dar. Por ejemplo, una vez rechazó una multimillonaria oferta que le ofreció Microsoft de comprarle un software que había desarrollado y en cambio lo puso a circular de manera gratuita en la red. Esto le abrió nuevos caminos y fue recibiendo aún más éxito. Cada vez está más convencido de que su misión es conectar al mundo y hacer de este un lugar más abierto. Para él es importante hacer un producto que le sirva a la gente, así como a él le ha servido y mientras tanto, disfruta de lo que hace sin miedo a nada.

El dar y la generosidad se presenta tanto en aspectos tangibles como intangibles, tal como la conducta o lo que se dice. La sugerencia es que imagines que el otro eres tú, entonces cada vez que se te escape una palabra poco amable, por ejemplo: “Qué ridículo te ves”, recapacita y di: “Me estoy diciendo a mi mismo Qué ridículo me veo”, ¿esto cómo me hace sentir? No muy agradable, entonces me abstendré de volverlo a decir. Si haces esperar mucho tiempo al otro en una cita, ponte en su lugar e imagina que tú eres el otro: “Estoy perdiendo tiempo y me estoy cansando de esperar”, entonces ¿cómo me siento? estresado, así que procuraré en adelante llegar más puntual la próxima vez.

El respeto también se incita en los demás y no se puede pretender ser respetado cuando uno no lo hace hacia los otros. Si criticas, terminarás siendo criticado, si ofendes, terminarás siendo ofendido, si continuamente mientes, terminarás perdiendo credibilidad, si tienes el hábito de gritar a los demás, los otros se irán de tu lado o te gritarán más fuerte intentando defenderse o dejarán de sentir afecto hacia ti.

No siempre los resultados positivos de hablar, pensar y actuar de la mejor manera hacia los otros se ven inmediatamente, no importa, aún así, sigue haciendo tu parte con la consciencia de que estás poniendo tu amor en acción. El dónde, el cuándo, el cómo de tus recompensas déjaselos al universo. Pon atención en la siembra, luego la cosecha se dará en el momento perfecto, cuando los frutos estén listos, no antes ni después.

 

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