Que sutileza tiene la vida en recordarnos la belleza que hay en nosotros. Lo vemos por ejemplo en una palmera, que con el tambaleo del viento y el sol iluminándola, nos saluda con sus larguísimas ramas. Nos sentimos dichosos en momentos donde nuestra mente se acalla y observamos más allá de nuestro ruido mental. Esa belleza que vemos ahí al igual que en innumerables formas, es la belleza que está en nosotros mismos, solo que algunos la intentan ver a través de un simple espejo en la pared, olvidándose de la majestuosidad y perfección que somos y que va mucho más allá de tu piel y tu aspecto.

Cuando sales de tu oficina y sientes después de tantas horas entre cuatro paredes la brisa de la tarde acariciar tu rostro, ves arbustos y sus follaje temblar, margaritas al lado del camino, un gato en la valla observándote sereno y notas tus rodillas y talones moviéndose y desperezándose con ese alivio que conlleva moverse en libertad de nuevo, estirándote e inhalando el aire que tanto deseabas… Ese momento es hermoso por si solo, ese momento eres tú en cada segundo de tu vida. Pero tus ansias de querer ser lo que no eres y tener lo que no tienes hacen de cada momento un sin vivir. Te olvidas de la belleza cada vez que crees necesitar algo, cada momento de querer poseer algo.

Podemos aprender tanto de la naturaleza, de por ejemplo un animal, que estando con él fundiendote en su ser, mirando sus ojos por un largo rato podrías aprender la lección más valiosa. Que sería en resumen esta frase: La total entrega a lo que está ocurriendo en este momento.

Mi mente no se acalla

Ves tu vida y dices: “Deberían tratarme con respeto mis hijos” “mi jefe debería subirme el sueldo” “mi marido debería ser más amoroso” “cuando esta persona cambie seré feliz por fin”. Te miras en tu espejo y dices: “Debería tener una nariz más pequeña” “debería tener menos arrugas” “debería verme más guapa” “debería hacer dieta” “debería ser diferente”. Eres tu propio enemigo, creyendo que algo debe ser diferente. Te han vendido la idea de la perfección, de lo fabuloso, de lo exitoso, de lo “Si haces esto o compras aquello, te sentirás completo”. ¿No crees que va siendo hora de enfrentarte a tus miedos y observar que detrás de ellos sólo hay “humo”? Leíste bien: Humo. Te desesperas por ser alguien que nunca debiste ser, por recibir aquello que nunca debiste tener. ¿Sabes por qué razón no debes tener eso que anhelas de afuera? Porque lo que anhelas de afuera no existe. Lo que anhelas de afuera no es más que otra ráfaga de humo. Cuando te des cuenta de la perfección que ya eres, cuando te mires y veas a Dios en tus ojos, sabrás que siempre te amaste, que siempre lo tuviste todo, y que lo que anhelabas con todas tus fuerzas, con todo tu ser, era una ilusión mental. Y por fín dirás: “¡Desperté de mi pesadilla!”.

Mi mente no se acalla

Tener metas, objetivos, sueños que cumplir, todo eso está muy bien. La trampa está en volcar tu vida entera en torno a la meta olvidándote de disfrutar cada paso. Cuando tus metas se elevan al punto de lograrlo o morir, es una señal que te esta gritando: “¡Suéltalo!”. ¿Crees que es vida el no disfrutar cada segundo de tu vida por la inquietud y la desesperación de lograr un objetivo? ¿crees que eres feliz cuando nunca tienes tiempo de observar un cielo estrellado porque tu trabajo es más importante? Hazte esta pregunta ¿qué es lo que vale realmente la pena: disfrutar de lo que haces o desgastarte por perseguir lo que crees que aún no tienes?.

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About Elías Berntsson

Tuve una infancia buena y feliz. Luego comencé el instituto, allí hubo gente que me descalificaba. Afectó a muchas áreas de mi vida hasta que no tuve ganas de vivir, un día todo cambió y lo supere. Por ello decidí crear este espacio, para compartirte esperanza y motivación. Y decirte que como yo, tú también puedes ver tu maravillosa vida a través del amor propio.

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