En: Autoestima, Felicidad, Relaciones0

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En las conversaciones muchas veces surgen comentarios positivos o negativos con respecto a otras personas a partir de las percepciones que tenga cada uno. Puede ser que tú seas quien comente sobre el otro o que el otro comente sobre ti. Cuando esto se da de manera abierta, sincera, respetuosa o delante de ti, usualmente no tendrías problema ¿verdad? En cambio, si lo hacen de forma despectiva y a tus espaldas lo más probable es que no te vaya a gustar, incluso, hasta puedes llegar a sentirte muy molesto cuando por ejemplo, han dicho algo que guardabas en secreto, algo muy personal o algo que baje tu “buena” imagen, todo esto por supuesto sin tu consentimiento.

Entonces, ¿qué puedes hacer? Si se trata de algo que para ti no tiene mayor importancia o consideras que está relacionado con un tema no muy relevante en tu vida, pues simplemente haz caso omiso, como si no hubieras escuchado decir nada sobre ti, ya que no vale la pena perder el tiempo en situaciones con poca trascendencia. Si en cambio, trata sobre un aspecto que es especialmente decisivo o que influye bastante en tu vida (tú mismo evaluarás el grado de importancia) entonces te aconsejo seguir las siguientes sugerencias:

Primero que todo, dirígete directamente a la fuente de donde ha venido la información, evita hablar con terceras personas o con quienes no están muy involucradas, ya que esto puede crear mayores confusiones, malinterpretaciones en la comunicación y obstáculos en el manejo asertivo de las relaciones interpersonales. Averigua y cerciórate bien de que la persona con quien vas a hablar sea en realidad quien te ha hecho quedar “mal”.

Segundo, busca un momento en el que te sientas en tranquilidad, sin premuras de tiempo y que sospeches que la otra persona también lo está para hablar con ella. Llénate de serenidad, comprensión, pero de seguridad y firmeza al mismo tiempo para decirle que te has dado cuenta de que ha hecho comentarios indebidos sobre ti. Enumérale cuáles han sido cada uno de estos comentarios y déjale claro que independientemente de si ella considera que eso es cierto o no, así como positivo o negativo, debe respetar tu privacidad, así como tú también lo haces con ella. También, es conveniente recordarle que cada quien se hace, se daña o se mejora su propia imagen a través de sus propios actos sin necesidad de las palabras que alguien externo emita sobre uno mismo como tratando de hacerlo avergonzar.

Tercero, si esa persona acepta tu posición y de alguna manera muestra que se arrepiente de lo que ha hecho, entonces solicítale que de ahora en adelante se abstenga de ese tipo de comentarios sobre ti, los cuales no te definen realmente, más que a ella misma y a su necesidad de juzgar. Luego, tiéndele la mano o mediante un gesto de amabilidad agradécele su nueva actitud y ¡listo! no sigas divagando sobre el tema. Déjalo como una experiencia más de tantas que has tenido y encuentra la enseñanza que te haya podido dejar.

Si por el contrario, la persona se muestra reacia ante tu posición y sigue aferrándose a la idea de que ella es la que tiene la razón o a que sencillamente seguirá en su comportamiento y no le interesa el efecto que tenga sobre ti sus palabras entonces… ¡No insistas y relájate!, al menos lo intentaste; pero no vale la pena entrar en discusiones sinsentido con alguien que poco ha interiorizado el sentido de la responsabilidad en el manejo de la información, del respeto y de los valores humanos. Simplemente, aléjate de esa persona y ya sabes para la próxima vez a quien le confías o no tus asuntos privados.

Sea la situación que sea, que nada te robe la felicidad ni la paz interior. Ten presente que eres mucho más que una idea que alguien se forme de ti a través de otro, incluso, eres mucho más que la idea que alguien se forme de ti estando contigo y conociéndote directamente en persona. En el fondo de tu corazón sabes quién eres (nadie mejor que tú para saberlo), sabes por lo que has pasado, por las vivencias por las que has atravesado junto a toda tu historia de vida y tu momento presente, así que lo que otro diga o piense es solo eso: su palabra o su forma de pensar que muchas veces está lejos de la realidad.

Aún así, en todo momento, circunstancia y lugar, ámate. Aún siendo consciente de tus aciertos o dificultades, ámate; puedes reconocer tus equivocaciones, pero ámate, nada de lo que ocurra puede hacerte menos digno de tu propio amor. Reconoce tus debilidades, pero no te quedes centrado en ellas, más bien enfócate en cada una de las características que más te agraden de tu manera de ser, sin esconderlas, por el contrario, dalas a conocer a través de tus palabras, pensamientos, sentimientos y acciones.

Ahora bien, teniendo en cuenta lo anterior ¿en verdad crees que te hicieron quedar mal?, ¿no será más bien que esa o esas personas si hicieron quedar mal a ellas mismas?

Tal vez inmediatamente esto no se perciba de este modo, pero si te fijas bien, la sensación que queda (consciente o inconscientemente) cuando se está al lado de alguien que se refiere de manera negativa a otra persona y más a sus espaldas es de que esa persona que critica no inspira la suficiente confianza, transparencia ni mucho menos una energía positiva. Hoy puede hablar mal del otro, mañana hablar mal de ti, hoy hablar mal de quienes casi ni conoce, mañana hablar mal también de los que llama sus “amigos” y así sucesivamente. Nada de esto puede estar alineado con el amor ni por tanto con la felicidad. Por eso, si hoy esas personas están aparentemente rodeadas de muchas otras, en el fondo viven una gran soledad porque la intimidad o la afectividad en su ser no la han sabido cultivar.

Ora por ese tipo de personas, deséales que encuentren un camino mejor y sigue adelante con el tuyo. Continua alineándote en la medida de lo posible solo con todo aquello que traiga bienestar a tu vida. ¡Ánimo!

 

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