En: Autoestima, Felicidad, Relaciones0

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Puedes encontrar toda la información que quieras acerca de la felicidad, tema demasiado amplio, difundido y de interés general. Pero entender qué es la felicidad, saber cómo quizás se puede ir alcanzando y reflexionar sobre la vida no es suficiente, ya que allí lo que estarías ejercitando sobre todo sería la mente, aquella que es precisamente la que más te ha saboteado, la que te ha confundido y te ha llevado a inhibir la expresión de tu potencial a través de creencias negativas arraigadas.

El raciocinio es solo una herramienta de la que podemos servirnos para facilitar la solución de algunos problemas que se nos presenten y para ayudar a balancear el nivel de emocionalidad que se tenga haciéndole contrapeso. Es una característica muy valiosa de los seres humanos, pero el inconveniente está cuando nos basamos solamente en ella para pretender alcanzar todo lo que deseamos. A esto hay que agregarle que la mayor parte del tiempo estamos actuando prácticamente en automático con base en las emociones que tenemos almacenadas en nuestro ser, muchas de las cuales incluso, no somos conscientes. De ahí, la gran importancia de cultivar emociones positivas.

Por todo esto, resulta más efectivo que involucres las emociones que deseas experimentar y así estas empezarán a sintonizar con todo lo que para ti sea positivo, bello y feliz. Entonces, te invito a pasar a la acción practicando la visualización acompañada de las palabras. El acto de visualizar tus deseos realizándose genera efectos positivos al estimular las hormonas del bienestar (ejemplo, la dopamina), ya que la mente inconsciente no distingue entre una situación real y una situación imaginada, sino que la vive igual, como si eso estuviese pasando en el instante presente.

Indudablemente existen muchos caminos más que puedes elegir cuando de felicidad se trata. Tú escoges el que más te convenga y te resulte útil. La visualización de la que te hablo, realizada con dedicación, intención y convicción obra efectos maravillosos. ¿Qué hace que sea más sencilla que las demás técnicas de visualización? Lo hace el hecho de que las imágenes mentales en este caso van acompañadas de palabras, pues es bien sabido que no a pocas personas les cuesta imaginar lo que quieren y que la dificultad es mayor cuando se trata de hacerlo de manera detallada o minuciosa. Así vemos que en ellas no tardan en aparecer ideas del pasado, así como las del posible futuro o bien, inquietudes acerca de asuntos que necesitan resolver tan pronto termine la actividad que están haciendo. Pero, poniendo un ejemplo, si mientras imaginas una luz brillante que recubre tu cuerpo, dices: “Veo cómo una luz brillante recubre mi cuerpo…” ayudas a centrar tu atención en ello. Escucharte se convierte en una guía para no desconcentrarte y traerte de nuevo al presente.

Así pues, imagínate con todos los detalles posibles, visualiza que ya estás como quieres estar, que ya eres el tipo de persona que quieres ser. Asimismo, acompaña tus imágenes visuales con el paisaje natural que más te agrade y pregúntate lo que experimentas con cada uno de tus sentidos allí en ese escenario que has creado en tu mente: olores, texturas, sonidos, etc. Además, presta atención a los sentimientos surjan de tu ser interior y concéntrate en toda sensación positiva que experimentes. Recuerda ir hablándote al tiempo que vas imaginando. Por ejemplo: “Mi sonrisa es amplia, mis ojos brillan, camino con firmeza…”. Más adelante, con la práctica continua, ya se te hará más fácil imaginar detallada y atentamente sin necesidad de recurrir a las palabras.

La práctica de la visualización la puedes realizar todas las veces que desees, pero es aconsejable que le dediques mínimo de diez a quince minutos cada día y que elijas un momento en el que nadie te vaya a interrumpir. También, requieres estar en una postura cómoda y olvidarte del exceso de reglas del “cómo debe ser” o de si lo estarás haciendo adecuadamente, así que, ante todo ¡relájate! Otro aspecto importante es que no debes exigirte ningún resultado, ya que así menos llegará. Simplemente permite que este vaya apareciendo de manera natural en el momento oportuno, a tu propio ritmo. Pon todas tus mejores intenciones y el resto déjalo en manos de tu ser superior. Confía pacientemente y ponle amor a todo lo que hagas, incluyendo a este ejercicio, pues allí radica el secreto de su eficacia.

Puedes crear tu propia felicidad desde el acto de dejar volar la imaginación, soñando despierto y consciente de quién eres. No necesitas imágenes mentales complejas ni sofisticadas, sino sencillas, pero agradables y vividas con intensidad.

Tal vez te apetece visualizar que te das un baño relajante o que caminas descalzo sobre la hierba; quizás que recitas un poema a tu ser amado y tu expresión es bastante elocuente y pasional o que estas corriendo un largo trayecto y que vas llegando a la meta mientras tu cuerpo te hace sentir lo resistente o saludable que es… ¿qué más te gustaría imaginar? Recuerda que en ello no hay ningún límite y que con imaginar con intensidad y emocionalidad estás atrayendo las posibilidades de que tu sueño termine haciéndose realidad.

 

 

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