En: Autoestima0

La mayoría de nosotros nos pasamos la vida juzgándonos sin piedad. Hablamos de perdonar a otros, de dejar de juzgarles, nos sentimos mál por pensar mal de otros, por enfadarnos con ellos, porque no nos gusta lo que hacen o no es de nuestro agrado… podemos llegar a sentirmos profundamente culpables por nuestros “malos pensamientos” hacia ellos, nuestro “desprecio” a lo que hacen… luego volvemos a nuestra vida y nos observamos a nosotros y tampoco nos gusta lo que hacemos, nos sentimos mal con nuestras decisiones, nuestra forma de gastar el dinero, nuestra manera de llevar el día, nuestro “desorden”, aquello que nos hemos propuesto para ser mejores personas pero que no conseguimos. Y todo se convierte en un círculo vicioso del que no podemos salir: Malestar fuera, malestar dentro, confusión y un tremendo lío en la lucha por mantener el equilibrio entre la paz con los de afuera y la paz con nosotros mismos.

Intentamos equilibrar y traer paz a nuestro interior pero no conseguimos “dar con la tecla” de la liberación de nuestra propia carcel construida por nosotros mismos y de la cual tenemos la llave. Seguimos y seguimos intentando hacer más cosas por solucionarlo y solo conseguimos empeorarlo. Jamás llegamos a ese futuro próximo en el que estaremos libres. Pero sólo requiere una cosa: Pararte y observar. Preguntate: ¿Qué estás haciendo? ¿Qué te estás diciendo? ¿Qué mueve tu vida? Sin duda si repetimos lo mismo una y otra vez sin darnos cuenta, probablemente estemos siguiendo un patrón inconscientemente ya aprendido. Estamos viviendo en automático, dando la misma solución una y otra vez y no funciona.

Generalmente estas conductas proceden de una enorme confusión entre “lo que quiero hacer” y “lo que debería”, entre lo que te dice la mente y lo que te dice el corazón. Hemos aprendido que “esto está bien”, y “aquello está mal”, pero sentimos algo diferente. Entonces nos pasamos la vida catalogando todo, tenemos un nombre para cada situación, y para cada cosa. Por un momento, espontaneamente nos puede el impulso de la vida misma y nos lanzamos a lo que nos dice el corazón, pero al rato paramos y vuelve todo nuestro patrón mental aprendido, “nuestro verdugo” que no nos deja ser felices ni estar en paz. Esto nos produce un profundo malestar con nosotros mismos, y acabamos viviendo en un callejón sin salida donde juzgamos a los demás o a las circunstancias, luego me juzgo a mí mismo por lo “malo” que soy y ya siento que no merezco nada y la bola sólo crece. Podemos llegar a sentirnos completamente inmovilizados en situaciones que nos parecen más importantes, como por ejemplo cuando se trata de nuestra economía, la relación con nuestros familiares, nuestros padres o nuestros hijos, decisiones del trabajo, etc.

Pero todo es muy simple, solo hace falta que vuelvas a ti. Que respires y dejes de confiar a ciegas y obedecer a tus creencias , a tus patrones mentales (a veces son sutiles y no nos damos ni cuenta, por eso requiere que nos paremos y miremos más allá de lo que vemos). Requiere pararte, y que te observes. A veces no puedes ver lo que piensas, estás acostumbrado a ello y casi es parte de ti. La actuación llega a la velocidad de la luz antes de ver tu pensamiento. Empieza por amarte, mirarte con comprensión. Date tregua. Date una oportunidad. Cree en tu valor intrínseco. Sé consciente del amor que tú mismo ya eres. Ven al Ahora, a este momento. Aquí donde estás mirate con amor. Tu estás siempre bien. Tú no eres lo que piensas. Quien tú eres sigue ahí, intacto, perfecto, en paz… Todo lo que ocurre a tu alrededor, tus pensamientos, tu confusión, tu odio a ti mismo… eso no eres tú. Tú Eres, simplemente. Eres divino, esa es la verdad.

“El Trabajo” de Byron Katie puede ser una gran ayuda para indagar en esos pensamientos que te atormentan la vida. Se trata tan solo de cuatro sencillas preguntas para cuestionar esos pensamientos. La primera pregunta que tienes que hacerte es: “¿Es eso verdad?”. Puede que de primeras te des cuenta que ese pensamiento es falso. Pero si persiste, preguntate: “¿Estás cien por cien seguro de que es verdad?”. Después preguntate: “¿Cómo me siento al creer este pensamiento?”. Y por último:”¿Quién serías sin ese pensamiento?”. Byron Katie recomienda hacerlo por escrito, para así poder ver con claridad todo y descargar la mente. Para terminar tienes que darle la vuelta al pensamiento, invertirlo. Por ejemplo si piensas “todo lo hago mal”, la inversión sería “todo lo hago bien” o “todo no lo hago mal”.

Merece la pena trabajar en tí. Realmente es el trabajo más importante de tu vida. Empieza por ti, lo demás se pondrá solo en su lugar.

Un abrazo…

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Miryam

About Miryam

Soñadora e idealista, apasionada por la vida... Amante de la belleza en todo: en la naturaleza, en el corazón de los seres humanos, en la escritura, en las palabras... Mi mayor deseo: que mi existencia sirva para ayudarte a conectar un poquito más con tu interior, con quien eres realmente, y descubras que todas las respuestas están ya dentro de ti...

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