En: Mejorar la autoestima5

“Lo que ha pasado no me gusta”. Es cierto, la realidad a veces resulta molesta, ingrata y hasta cruel, y te hace sentir que lo que ha pasado no debería haber sucedido. Seguramente, has vivido momentos en los que has deseado que todo hubiera sido diferente. Probablemente estés pasando por una situación así ahora, o quizás la experimentes dentro de un rato.

Esta desconformidad con lo que vives puede referirse a situaciones banales, superficiales. Es el caso de un atasco en el tránsito que te mantiene a paso lento. Mientras estás allí, impaciente por avanzar, piensas “El tránsito debería ser más organizado”, “Deberían agrandar las rutas”. Pero por más que imagines cómo te gustaría que fuese el tránsito, este no mejora y el atasco continúa. No avanzas más rápidamente. Solo aumenta tu malhumor. Ahórrate el mal momento, no reniegues: es la realidad que te tocó vivir.

A veces, el desacuerdo con la realidad te afecta muy directamente. Te miras al espejo y piensas “Quisiera ser más delgada”, “Mi cabello es horrible”, “Me falta estatura”. O te muestras desconforme con tus vínculos. Y piensas que tu pareja tendría que estar más en casa o ser más romántica. Y de nuevo la desazón te maltrata.

Te invito a que pienses en un día de tu vida y tomes conciencia de cuántas veces reniegas de esa realidad en la que te encuentras. Piensa en todos esos momentos en los que deseas que la realidad sea diferente. Te aseguro que te verás en esas situaciones varias veces en cada día.

“¿Y qué importancia tiene eso en mi vida?” te estarás preguntando. Mucha, muchísima. No te imaginas cuánta. Estos momentos en los que afloran deseos de cambiar la realidad, hacen que tu mente esté en desacuerdo con lo que es. Te provocan tensiones, y esas tensiones te causan sufrimiento e infelicidad. Estas batallas entre lo que es y lo que quieres que sea, son batallas perdidas siempre. La realidad es así, como ocurre, y una vez que se instaló de nada sirve renegar ni intentar cambiarla.

No vale la pena ni el gasto de energía, pensar que lo que ocurrió no debería haber ocurrido. Son pensamientos inútiles, vanos y perjudiciales. Son pensamientos que te encadenan, te paralizan y te mantienen en el pozo del malhumor y de la infelicidad. Nadie disfruta de pensamientos así, al contrario. Y a veces cuesta mucho sobreponerse a la depresión que causan esos desacuerdos con la realidad, estas discusiones mentales con ella que a nada bueno conducen.

Entonces ¿debes aceptar pasiva y resignadamente todo lo que te ocurre? ¿Pierdes tu poder en el mundo si aceptas la realidad? Nada de eso. Que aceptes la realidad no implica aprobarla y dedicarte a llorar por lo ocurrido. No es esa la actitud que debes asumir. Nadie quiere enfermarse, pero cuando una enfermedad llega, de nada vale pensar “¡Debería estar sano!”. Las enfermedades ocurren, los accidentes y las catástrofes ocurren, los acontecimientos negativos ocurren. Son reales, y no sirve pelear mentalmente con ellos. Lo verdaderamente positivo es pensar qué hacemos con esa realidad que nos afecta.

 

¿Qué hacer en esos momentos que sientes tan negativos?

Dejar de combatirlos, ya no discutir con ellos. Esas discusiones y rebeliones en contra de lo que es, solo te provocan sufrimiento. En cambio, cuando dejas de enfrentarte a la realidad, tu mente fluye amigable y encuentras la acción adecuada para sobreponerte. Si estás enfermo o si tu pareja te abandonó, ya no te lamentes aferrado a esa realidad que te hace daño. Es momento de pensar cómo avanzar, de empezar a sanar y de iniciar una nueva vida.

Dedícate a pensar en ti, en tus propios asuntos. Si revisas los pensamientos que has experimentado durante un día, seguramente descubrirás que algunos tienen que ver contigo, pero encontrarás otros que se refieren a otras personas o a eventos que no dependen de ti. Por ejemplo, cuando le dices a tu amigo “Tienes que cambiar tu estilo de vida” o “Deberías independizarte”, tu mente está ocupada en asuntos que no son tuyos, sino de tu amigo. Asimismo, cuando piensas que tu jefe debería valorarte más, o que tendría que aumentar tu salario, te entrometes en la vida de tu jefe. Algo similar ocurre cuando tienes que salir y exclamas “¡Que cese la lluvia!”. No piensas en ti sino en la naturaleza, en Dios, porque la lluvia es asunto de Dios.

Si analizas estos pensamientos, verás que existen tres tipos de asuntos en tu entorno: los que son propiamente tuyos, los de otras personas y los de Dios, la naturaleza o como quieras llamarle. Muchas de tus tensiones surgen cuando te ocupas en cuestiones que son de otros.

¿En qué te afecta ocuparte de temas que no son tuyos? Te lo explicaré muy sencillamente: cuando tienes tu mente en asuntos de otros, no la ocupas en tus propios asuntos. La mente funciona en un tema a la vez. Entonces, intentas resolver la vida de los demás creyéndote el dueño de la verdad. Crees que sabes qué es lo mejor para los otros y piensas que tienes la solución para todos. Pero no logras solucionar tu propia vida. Te separas de tu propia vida, porque tu mente está tan ocupada en los demás que no atiende tus propios asuntos. Qué contradicción, ¿verdad?

Es momento de cambiar. No es difícil apropiarte de tu vida y liberarte del peso de la de los demás. Cuando te sientas desconforme o tenso, analiza el pensamiento que provoca esa sensación. ¿Se vincula con un asunto tuyo o tiene que ver con otra persona o con sucesos naturales? Una vez que lograste esta identificación, solo atenderás a ese pensamiento si se refiere a ti. Si tiene que ver con alguien que no eres tú lo dejarás pasar. Solo dedícate a tus cuestiones, a las que tienen que ver contigo. Ocúpate de lo que es bueno para ti. Sentirás un gran alivio y te liberarás de muchas tensiones.

¿Los pensamientos hacen daño realmente? Un pensamiento en sí mismo es inofensivo, inocuo. Los pensamientos llegan y se van, aparecen y desaparecen, porque así funciona nuestra mente. Vivimos pensando, no podemos dejar de pensar. Y eso es normal. Pero el problema aparece cuando te crees que un pensamiento es verdad, que es la realidad. Cuando te dejas atrapar por un pensamiento y te aferras a él, ocupará tu mente y te dominará. Cuando esto ocurre, cuando durante mucho tiempo crees que un pensamiento es una verdad, se transforma en una creencia. Se arraiga tanto en ti que ya no tienes ninguna duda de que es realidad.

Se ha comparado a los pensamientos con nubes que pasan por el cielo azul y siguen su camino, o con la brisa que mueve las hojas de los árboles, o las gotas de lluvia que caen y desaparecen. Son imágenes que muestran ese fluir de los pensamientos. Lo importante es encarar esos pensamientos comprendiéndolos, analizándolos y hasta debatiendo con ellos. Esta es la actitud. No te aferres a esos pensamientos como si fueran verdades que condicionan tu vida.

¿Y qué pasa con esos pensamientos que se quedan? Es cierto que en ese fluir de pensamientos algunos se instalan en ti, se entrelazan y tejen redes o mallas. Así surgen las historias. Si piensas en tu vida, recordarás historias pasadas. Quizás también vengan a tu mente historias que estás viviendo en el presente o que crees que vivirás en el futuro. Nos referimos a historias tejidas con pensamientos que acuden a tu mente y que intentan explicar lo que todavía no entiendes.

¿Cuántas veces has creado historias a partir de una llamada telefónica que esperas y nunca llega? ¿Qué pensamientos entrelazados han surgido cuando estás en una reunión y ves que alguien se va sin decir palabra? Inmediatamente los pensamientos surgen, porque tu mente necesita explicar todo para entender el significado de lo que pasa. Pero, en definitiva ¿estas historias que te inventas son la realidad? No, no lo son. Son explicaciones imaginadas que crean tus pensamientos para mostrarte una realidad que no es real. Esas historias son como teorías que muy rara vez se prueban ni se demuestran. Y unas historias dan origen a otras y estas a otras, y se forma una malla que te envuelve y te aleja de ti mismo y de la realidad.

¿Cómo surgen los sueños tramposos? Los tejidos de historias se te hacen tan reales que ya no distingues entre los pensamientos y lo que de verdad es. Y se desarrolla una especie de sueño del que no logras despertar del todo, porque te lo crees. Crees que ese sueño es tu realidad y que en esa realidad vives. Sufres, te desalientas, te deprimes, te desmoronas ¿y todo por qué? Porque te has creído historias y teorías que ni siquiera has analizado ni comprobado. El origen de tu problema está, entonces, en esos sueños a los que te has aferrado.

 

¿Y qué hacer para evitar caer en esta telaraña de engaños?

El primer paso es entender qué relación hay entre los pensamientos (y las historias y sueños que generan) y tus sentimientos. Ten presente lo que te hemos dicho antes: cuando reniegas de la realidad, sufres. Cuando crees que la realidad debería ser diferente de lo que es, sufres. Esa es la primera causa de infelicidad.

Una vez aceptada esta premisa, debes pensar en cómo intervenir para que ese sentimiento negativo que te afecta desaparezca. Te sientes deprimido, molesto, malhumorado y no quieres sentirte así. Piensa. Si esos sentimientos surgen por un pensamiento falso, por ese pensamiento que te hace discutir con la realidad, entonces debes intervenir para eliminar el pensamiento que causa tu mal. Eliminas la causa, eliminas la consecuencia. Aniquilas el pensamiento falso y por tanto, desaparecerá el sentimiento negativo.

El miedo, el dolor, el sufrimiento, la depresión son alertas que deben impulsarte a revisar tus pensamientos. Si alguno de estos sentimientos se apodera de ti es porque estás creyéndote una historia que no es real, que has tejido con pensamientos discordantes con la realidad. Quizás hasta ahora has buscado en el exterior intentando que algo cambie. Pero seguramente, estas acciones no te han dado resultados. Debes investigar dentro de ti, debes hurgar hasta encontrar cuál es el pensamiento o la historia que te está perjudicando. Y una vez que los localices, te separarás de ellos. Así, rápida y automáticamente. Verás que el sufrimiento se derrumbará.

¿Adónde te conducirá esta investigación? A lo que realmente eres. Es probable que tu problema esté en que vives una vida que no es la tuya, que han construido para ti. Una vida en la que eres lo que los demás te han hecho creer que debes ser. Pero esa persona no eres tú realmente. Por eso no encuentras esa felicidad que sí está en tu verdadera realidad, lejos del exterior, en tu esencia, en tu verdadero ser.

¿Existe un método fácil para detectar pensamientos falsos? Sí, hay sencillas formas para descubrir esos pensamientos que te hacen sufrir. Una vez que comienzas a utilizarlos, se vuelven un hábito y automáticamente los aplicas. Puedes comenzar ahora mismo, en este momento. Te iremos guiando en el paso a paso, y verás que lo resuelves sin ninguna dificultad. Solo necesitas papel y lápiz y un tiempo breve dedicado a ti para ayudarte a ti mismo.

Primer paso: Piensa en alguna persona con la que hayas tenido o tengas diferencias. Puede ser alguien a quien no hayas perdonado o que te provoca sentimientos de dolor. Para explicarte el proceso le llamaré “Juan”. Escribe lo que sientes por esta persona, lo que te enoja de Juan. Por ejemplo: “Estoy enojado con Juan porque no me quiere lo suficiente”. “Estoy desconforme con él porque no me toma en cuenta en las decisiones”. “Debería escucharme más”. “Me decepciona porque no hace nada para satisfacer mis deseos”.

Segundo paso: Comienza a indagar, a cuestionar esas afirmaciones que has escrito acerca de la persona que te afecta.

1- Pregúntate “¿Es eso verdad?” La idea es que encuentres la respuesta en lo más profundo de ti. Revisa tus experiencias, ¿realmente te demuestran que lo que has escrito es verdad? En el ejemplo guía: ¿es verdad que Juan no hace nada para satisfacer tus deseos?

2- Si la respuesta a la pregunta anterior es “no”, si no estás convencido de que tu juicio es real, entonces reescribe la afirmación o, simplemente, bórrala. Si la borras, estarás reconociendo que el pensamiento que te provocaba dolor era falso. Eliminado el pensamiento, ya no habrá dolor. Si la respuesta es “sí”, si de verdad estás convencido de que tu afirmación es la realidad, entonces avanza.

3- En este momento, intentarás tomar conciencia de cómo te sientes cuando piensas en esa afirmación. ¿Cómo te afecta? ¿Cómo tratas a Juan? ¿Qué le dices? ¿Cómo actúas? Si te resulta útil, elabora listas con las respuestas a estas preguntas. La idea es que logres describir los sentimientos y estados de ánimo a partir de esa afirmación, de ese pensamiento que te afecta.

4- Ahora irás un poco más allá. Intentarás imaginarte frente a esa persona (a Juan en nuestro ejemplo) sin evocar ese pensamiento, como si no existiera ese pensamiento que tienes acerca de él. ¿Cómo sería tu vida sin ese pensamiento? ¿Cambias en algo? ¿Te sientes mejor?

Tercer paso. Vuelve a ti. Concéntrate en ti mismo. En lugar de referirte a Juan, refiérete a ti, a tu vida, a tu forma de ser. Por ejemplo, en lugar de “Estoy enojado con Juan porque no me quiere lo suficiente”, podrías escribir “Estoy enojado conmigo porque no me quiero lo suficiente”. Es una inversión válida que vuelve tus pensamientos hacia ti mismo. Y es verdadera, porque si te quisieras lo suficiente no estarías sufriendo por pensamientos falsos. Procede así con cada afirmación que has escrito e inviértelas escribiendo sobre ti.

Te preguntarás por qué empezar el análisis con otra persona en lugar de hacerlo directamente sobre ti. La razón es que el camino más efectivo es juzgar a otro y luego realizar la inversión y el traslado de los juicios a ti mismo. Cuando juzgamos a otro lo hacemos sin censura y sin inventar excusas que justifiquen esos juicios. Además, afloran nuestros valores, lo que realmente nos importa de las personas. En cambio, juzgarnos a nosotros mismos no es sencillo. Frente a cada juicio negativo, surgen justificaciones, motivos, argumentos con los que, inconscientemente, intentamos defendernos.

¿A qué te conducirá esta indagación? Paulatinamente integrarás cambios en tus comportamientos. Tomarás conciencia de cómo eres en realidad. Empezarás a actuar como te gustaría que actuara Juan. De este modo, estarás asumiendo tu realidad y tu vida. Te liberarás de las tensiones y descubrirás, por fin, la felicidad y la paz. Si practicas, este procedimiento se vuelve ta un hábito y lo realizas naturalmente.

Si te acostumbras a esta valoración de tus pensamientos, realmente verás quién eres y entenderás que eres el autor de tu propia historia, de esa historia que tejen tus pensamientos.

No se encuentra la felicidad cambiando el mundo exterior. La felicidad es parte de ti, solo debes sentirla y proyectarla hacia tu realidad. Este será el fin de tu sufrimiento y el principio de la dicha.

 

Fuente: Byron Katie libro “Amar lo que es”

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5 comentarios en “¡Atención! Tus pensamientos pueden engañarte”
  1. Florencia

    Excelente!….para leerlo todos los días hasta lograr la práctica de tal ejercicio mental.
    Gracias Ettel.!

    • Elías Berntsson

      A mi el libro del que está basado el articulo me ayudó enormemente. Abrazo Florencia

  2. Anónimo

    Muy buen argumento que nos hace reflexionar y desacelerar gracias por el mismo y felicitaciones por la claridad y justeza en los términos

  3. Andrea

    Estos artículos deberían ser de lectura obligatoria,enriquecen el espíritu y nos hacen crecer como personas, para releer de tanto en tanto y para tener presente en el día a dia.
    Felicitaciones!!!

  4. Gabriela

    Es para tenerlo presente todos los días!!!
    Te deja una gran enseñanza.

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