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Atrayendo la Vida Soñada, la Historia de Louise Hay

Louis Hay

En su libro: “Usted puede sanar su vida” Louise Hay comparte cuál ha sido su historia de vida junto a los cambios que ocurrieron que la llevaron de una vida desdichada y sombría a la manifestación de una vida maravillosa atrayendo todo lo que desea, dándose hoy el lujo de decir a sus 90 años de edad lo siguiente: “Estoy en la mejor etapa de mi vida”.

Narra que cuando tenía un año de edad, sus padres se divorciaron. Su madre empezó a trabajar en una casa haciendo trabajos domésticos dejándola a cargo de una familia amiga, lo que fue bastante difícil para ella al sentir que no recibía la afectuosa atención a la que estaba acostumbrada.

Por otro lado, el padrastro de Louise se portaba con agresividad tanto con ella como con su hermana. Como si fuera poco, siendo todavía una niña, un vecino borracho la violó. A él lo sentenciaron a prisión, pero a ella constantemente le repitieron que la culpa había sido suya, lo que durante mucho tiempo le hizo temer de que esa persona cuando saliera de la cárcel pudiera tomar represalias en su contra.

Así, la mayor parte de su niñez se la pasó aguantando malos tratos físicos y sexuales. Su autoimagen estuvo bastante deteriorada y se comenzó a expresar con base en ese referente. Cabe mencionar además, que vivía en unas condiciones muy precarias en donde el presupuesto familiar en ocasiones no alcanzaba para el sustento diario.

Su baja autoestima también se evidenciaba en el área escolar. Por ejemplo, ella se quedaba en ultimo lugar en todo, dado que ese era su modelo mental y los demás no hacían sino que reflejar sus creencias.

A los quince años, cuando ya no pudo seguir aguantando más los abusos sexuales se escapó de la casa y de la escuela. Encontró un trabajo como camarera, y como se sentía tan necesitada de afecto terminaba pagando con su cuerpo cualquier bondad que alguien pudiera demostrarle. Así apenas cumplidos sus dieciséis años dio a luz a una niña a quien dio en adopción dado que no sentía que podía hacerse cargo de ella. Luego fue por su madre y se la llevó consigo, diciéndole que no tenía por qué seguir soportando los malos tratos de su padrastro. La dejó instalada en un apartamento cómodo, seguro y le consiguió trabajo en un hotel pequeño. Luego, Louise se fue con una amiga a Chicago con la intención de estar un mes, pero no volvió hasta pasados treinta años.

En esa época, debido a su baja autoestima, fruto de la manera como había vivido aquellas situaciones negativas en su infancia y juventud, atraía a hombres que la maltrataban. Sin embargo, gracias a sus actividades laborales positivas, su amor propio fue mejorando y esas personas fueron desapareciendo de su vida. Ella afirma: “Ahora los hombres que abusan de las mujeres ni siquiera se enteran de que yo existo, nuestros modelos mentales respectivos ya no se atraen”.

Después de algunos años en Chicago, haciendo labores domésticas, fue a Nueva York en donde se convirtió en modelo trabajando para grandes diseñadores. No obstante, aún así no conseguía aumentar lo suficiente su autoestima y ella de alguna manera continuaba negándose a reconocer su propia belleza.

Al cabo del tiempo, conoció a un caballero inglés, encantador y educado con quien se casó. Viajaron por todo el mundo conociendo incluso a personajes de la realeza. Un día, después de catorce años de matrimonio él le dijo que deseaba casarse con otra mujer, justamente cuando ella estaba empezando a creer que lo bueno podría ser duradero. Con el tiempo fue superando este difícil suceso.

Una vez, en forma totalmente casual, fue a una reunión celebrada en la Iglesia de la Ciencia religiosa en Nueva York. Su mensaje era nuevo para ella y una voz interior le dijo que prestara atención. Así lo hizo, entonces empezó a ir a unas clases semanales que daban. Fue perdiendo interés por la industria de la moda y comenzó a estudiar todo cuanto encontraba acerca de la metafísica y la sanación. Tres años después pasó las pruebas para certificarse como sanadora autorizada por su iglesia. Durante aquella época también se inició en la meditación trascendental y estudió seis meses en Maharishi’s International University en Lowa. Cuenta que allá cada lunes empezaban con un tema nuevo, que no se permitía fumar ni beber y que meditaban cuatro veces al día. De regreso a Nueva York, reinició su vida. Empezó a tener clientes y empezó a dedicarse a su carrera terapéutica. También comenzó a escribir, a viajar, a dar conferencias y clases.

Entonces, un día le diagnosticaron cáncer vaginal. Esto la hizo entrar en pánico. Sin embargo, después de todo, ella sabía que la curación mental funcionaba y allí se le ofrecía la oportunidad de demostrárselo a sí misma. Así que no había tiempo que perder, tenía bastante trabajo por delante. Ella entendía que para curarse debía ir hacia adentro de su ser. Ella creía que si podía liberarse del modelo mental que había producido su enfermedad, ni siquiera necesitaría la intervención quirúrgica. Ella asumió la responsabilidad sobre su curación, investigó sobre maneras alternativas de colaborar en su salud. Se cuidó con alimentación sana, equilibrada y natural. También, estuvo en sesiones de reflejoterapia y terapia del colon. Además, sabía que era esencial que se amara mucho más a sí misma. Al principio, le era difícil mirarse al espejo y decirse cuánto se quería, pero con la práctica fue progresando. Asimismo, tenía claro que necesitaba liberarse del resentimiento hacia las viejas heridas del pasado. Con ayuda de un experto, expresó toda la rabia acumulada y aprendió a perdonar a quienes le habían hecho daño.

Aunque no se sometió a ninguna operación médica, como resultado de esa limpieza profunda tanto física como mental, seis meses después del primer diagnóstico los doctores le confirmaron lo que ella ya sabía: “que ya no tenía ni rastros del cáncer”. De este modo asegura: “A veces lo que parece una gran tragedia termina por ser lo mejor que nos ha pasado en la vida”.

Tiempo después se mudó a Los Ángeles, su lugar de origen y como su madre ya de edad avanzada con problemas de salud no podía cuidarse sola, se fue a vivir con ella. Louise le decía a Dios: “Está bien, me ocuparé de ella, pero tú tendrás que ayudarme y ocuparte de que no me falte dinero”. En otra ocasión cuando tenía que salir, pero no podía dejar sola a su madre, exclamaba a Dios: “Ocúpate tú de esto. Antes de irme tengo que tener a la persona adecuada para ayudarme”. Entonces, en esos días aparecía la persona perfecta. Esto era otra confirmación de sus creencias básicas: “Cualquier cosa que necesite saber me es revelada y todo lo que necesito me llega de acuerdo con el correcto orden divino”.

Cabe resaltar de la historia de este admirable ser, que gracias a su enfoque en la mentalidad positiva a través de las afirmaciones, la confianza en el proceso de la vida, el fomento del amor propio, el perdón y la puesta en práctica de métodos naturales para la salud integral logró superar exitosamente una enfermedad grave, logró también crear una vida anhelada de alegría, prosperidad y plenitud. Hoy en día, a sus 90 años está aún con vida, pero no con cualquier clase de vida, sino con una vida que disfruta realmente con intensidad. Se dedica a lo que tanto le gusta: La jardinería, y a compartir su felicidad con muchas personas que tiene la oportunidad de conocer.

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