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Cómo Amarte Para Liberarte

Hablemos de la autoestima y de la vida. Te invito a reflexionar acerca de cómo lo que pensamos acerca de nosotros mismos afecta a nuestras vidas.  Intangibles, inmateriales, escurridizos pero muy prepotentes, los pensamientos se instalan en nuestra mente y construyen nuestra historia. Lo que pensamos se hace verdad para nosotros y lo vivimos como nuestra realidad. Y así, cada día puede ser emocionante y estar lleno de esperanza o ser triste y aniquilador. Nuestras creencias, nuestros pensamientos, nos mueven dentro de estas emociones de un lado a otro. Son entidades muy poderosas.

Desde que nacemos nos colocan etiquetas, y esas etiquetas son pensamientos de los demás que encarnan en nosotros. Crecemos escuchando “¡Qué inquieto eres!”, “Eres demasiado gordo para ese deporte”, “Tu inteligencia no alcanza para estudiar esa carrera”, “¡Qué lástima que no tengas un mejor cuerpo!”, “No sirves para eso (o para nada)”. Pensamientos de otros que se meten en nosotros y que se vuelven nuestros. Nuestra mente los toma y los hace propios. Y nos creemos esa historia creada a partir de las opiniones de los demás. Nos miramos al espejo y nos vemos gordos o muy flacos. Nos sentimos inútiles. Nos convencemos de que no podemos estudiar o hacer lo que nos gusta. Y nos volvemos un poco “eso” que los demás han decidido que somos.

¿Te ha pasado? ¿Recuerdas algunas de esas etiquetas que te hicieron creer que eras lo que estaban diciendo de ti? Quizás fueron tus padres u otros familiares, o tus maestros y profesores, o tus amigos, o alguna pareja los responsables, los que te convencieron de que eras un ser limitado, incompleto, que no eras lo que se esperaba de ti. Y es muy probable que hayan tenido las mejores intenciones, que hayan querido evitarte fracasos y sufrimientos. ¡Qué equivocados estaban! Al llevar sus palabras a tu corazón, tu mismo has socavado tu autoestima, tu amor hacia ti mismo, tu felicidad.

Crecemos intentando agradar a los demás para evitar esas etiquetas negativas. Nos esforzamos por ser lo que los otros quieren que seamos, porque queremos que nos acepten. Hacemos lo que la sociedad espera. Nos vestimos a la moda, aunque esa ropa nos resulte incómoda, solo porque nos dicen que nos irá mejor si nos vestimos así. Vamos a los lugares a donde todos van, aunque no nos entusiasme hacerlo, solo porque es lo que dicen que debemos hacer. Nos sometemos a dietas y a largas horas de ejercitación para lograr un cuerpo que se parezca a los estereotipos de las vidrieras y de la publicidad. Y todo porque creemos que así seremos más felices. Pero, no lo somos. Seguimos descontentos, corriendo detrás de todo lo que nos dicen que tenemos que ser o tener. ¡Es un error que nos hace muy mal!  El problema es que nos miramos y no nos sentimos merecedores de nada bueno. Nos han hecho creer que no valemos, que no somos suficientemente buenos para tener lo que queremos o para ser lo que nos gustaría ser.

Tengo un amigo al que le gusta mucho el arte. Un día, cuando le pregunté por qué no se dedicaba a eso, me dijo: “Yo quería ser pintor, pero de eso no se vive”. ¿Y sabes por qué piensa así? Porque sus padres se lo habían dicho. Ellos le han pegado la etiqueta de “Los pintores no ganan dinero”. Le han inculcado que el dinero es el bien supremo que logra la felicidad. Y se lo ha creído, ese pensamiento se ha metido en su mente y lo ha convencido. Por lo tanto, ha dejado de intentar ser pintor. No tiene tiempo para pintar. Corre de aquí para allá de un trabajo a otro para tener más y más dinero. Pero no es feliz. Se ha enredado en la vida con la atención puesta en lo que está afuera de él, pensando que ahí encontraría la felicidad. Pero esto no ha ocurrido.

¿Has vivido algo parecido? ¿Te han dicho que tal o cual actividad no te dará dinero? ¿O quizás te han convencido de que no tienes cualidades, de que no sirves para eso? ¿Eres un artista, escritor, bombero, carpintero, marinero, enfermera, astronauta frustrado porque así lo han determinado los demás? Si te ha ocurrido, puedes superar esa infelicidad. Los pensamientos se pueden cambiar para que el pasado y las creencias dejen de tener poder sobre ti.

Jamás encontrarás la felicidad buscándola fuera, porque la felicidad está en tu interior, en el encuentro contigo mismo. Es dentro de ti donde tienes que mirar para encontrarte con ella.

 

La autoestima todo lo puede

La felicidad está en tu interior, acéptalo. Solo cuando te desprendas de esas creencias y pensamientos que te torturan, cuando te conectes con tu yo profundo serás feliz.

La autoestima es, precisamente, sentirte bien contigo mismo, con lo que eres, con cómo eres. La autoestima implica amarte a ti mismo, quererte, cuidarte, reconocer que en ti está todo el poder y toda la felicidad. Y fortalecer tu autoestima es indispensable para liberarte de toda esa carga de creencias y pensamientos negativos que has recibido de tu entorno. Si tu autoestima es fuerte, nada te importará lo que los demás opinen de ti, no les creerás, porque sabes perfectamente quién eres y lo que eres. Podrán emitir juicios acerca de tu cuerpo, de tu inteligencia, de tu capacidad, de tu estado espiritual, pero no te los creerás, porque tienes muy claro cómo eres.

La autoestima es indispensable para tu sanación. Cuando tu autoestima esté sana, entenderás que tu infelicidad se debía a tu falta de amor hacia ti, esa falta de amor que te hacía someterte a los demás, a las demandas de los otros.  Como no te amabas a ti mismo, hacías lo imposible porque los demás te hicieran sentirte querida. Pensabas que solo complaciendo a todos, ellos podrían amarte.

Amarte a ti mismo es la base de la autoestima. El amor que sientes por ti te liberará de esos vínculos con otras personas basados en la complacencia que tanto mal te hacen.  Dejarás de intentar hacer lo que otro quiere solo para lograr que esa persona te ame, te acepte, te reciba. Entenderás que el amor es incondicional y que no necesitas ser como los demás quieren que seas para merecer amor. Tú mereces ser amado, así tal cual eres.

 

¿Cómo empezar?

Si no encuentras la forma de sentirte bien contigo mismo, de valorarte, hay algunas prácticas sencillas para comenzar. Comienza con el espejo. En él te ves tal como crees que eres. Ponte de pie frente al espejo y mírate. El espejo refleja los sentimientos que tienes hacia ti mismo. Si tienes ojos demasiado pequeños, si tu piel está arrugada, si eres demasiado bajo o demasiado alto, si tienes kilos demás… Todo lo que dictan tus pensamientos integra la imagen que te muestra el espejo.

Mírate al espejo dejando pasar todos esos pensamientos sin prestarles atención. Descubre tu imagen. Eres como eres, como la naturaleza ha querido que fueras. Y no existe el lindo o feo, o el gordo o flaco en la creación. Esos no son rasgos de las personas sino juicios de los hombres. Acéptalo. Despoja tu mente de esos juicios y mírate tal como eres en realidad.

Expresa tu amor hacia ti. Siente que te amas, que te valoras, que eres una hermosa persona y que mereces todo lo bueno. Busca en tu interior, allí encontrarás tus verdaderas condiciones. Allí te verás tal como eres, sin compararte con nadie, sin parecerte a ningún modelo. Porque eres lo que la naturaleza ha querido que seas. Esa es la única realidad.

A medida que te ejercites, erradicaras de tu mente las creencias anteriores que te imponían limitaciones. Y así comenzarás a vivir la libertad, la liberación de miedos y prejuicios impuestos por la sociedad. Empezarás a verte de manera diferente, y esa, tú visión, será la única que te importará. Te verás con los ojos del amor, y te sentirás feliz y a salvo.

 

Primero tú

No te postergues. No pongas siempre primero a los demás. No te dejes siempre en último lugar. Estos son también sabios consejos. ¿Cuántas veces te ha pasado que no tienes ganas de hacer algo y lo haces porque otra persona lo quiere? ¿Cuántos caprichos de amigos, pareja, familia has satisfecho sin ganas?  ¿En cuántas ocasiones has querido ir a algún lugar y no lo has hecho porque tus amigos o pareja no han querido acompañarte? Siempre primero los otros, siempre el último tú. Seguramente lo has hecho en nombre del amor. Pero, no te engañes, eso no es amor, es miedo. Miedo a perder a esas personas, miedo a quedarte solo. Ese miedo que surge de no sentirte valioso y merecedor del amor de los demás.

Es momento de que dejes de pensar siempre en los otros, porque tienes que cuidarte a ti mismo, tienes que pensar en ti mismo. Tú vales y tienes que atenderte primero que a los demás. Por tanto, antes de acceder a un pedido de otra persona, pregúntate si haciéndolo te estás atendiendo a ti mismo, si te estás escuchando, si te estás cuidando. Y entonces, toma la decisión. Siempre puedes decir un ‘no’ con amabilidad.

No te confundas, esta no es una actitud egoísta. Todo lo contrario. Es imposible dar amor si no te amas. Egoísmo es mostrar amor a los demás cuando en realidad lo que quieres es aprobación para que permanezcan a tu lado. Egoísmo es pagar con tus actitudes complacientes la compañía. Eso es egoísmo, porque es engaño.

Escúchate, atiende a lo que sientes en tu interior. Atiende tus necesidades, ámate, date cariño, respétate. Cuando lo hagas, verás que no necesitas mendigar amor y el amor incondicional llegará.

 

Experimenta la paz

¿Por qué este consejo? Quizás creas que vives en paz porque no discutes, porque siempre complaces. Porque estás atento a lo que las personas esperan de ti y cumples con ello. Pero eso no es paz, es sumisión, es miedo a perder.

Para sentir la paz debes dejar de torturarte con pensamientos negativos acerca de ti. Sentirás la paz cuando te cuides a ti mismo y cuando dejes de enloquecerte intentando hacer felices a los demás. La paz será tu entorno de vida cuando te mires al espejo y sientas que te amas, que eres una persona bella, que te mereces todo lo mejor y que te cuidas.

Busca en tu interior y encuéntrate tal como eres, un ser perfecto y amoroso. Y cada vez que llegue a tu mente un pensamiento negativo acerca de ti, recuerda que es un pensamiento que otra persona te ha inculcado. Es un pensamiento de otro, no tuyo. Por tanto, déjalo pasar.

Y perdona. El perdón favorece la paz. Perdona a todas las personas que crearon esa imagen falsa de ti con la que has vivido hasta ahora. Recuerda que lo han hecho con una buena intención, para hacerte bien. Y piensa también, que a esas personas tampoco se les enseñó cómo amar. Pensaron que marcándote defectos y transformándote en una especie de robot que debía ser como la sociedad espera, te estaban ayudando. Perdónalas, y siéntete bien porque te has liberado de esos pensamientos que te han atormentado.

 

El pasado pasó, el presente es ahora

Deja ya el pasado, abandona esas creencias con las que has crecido. Eres libre, porque la confianza en ti es lo único que necesitas para vivir. Cree en ti, en tu valor. Y no te tortures pensando en todo el tiempo que perdiste. No está perdido. En ese tiempo la vida te ha enseñado cómo debes vivir. Esos años en los que te has despreciado a ti mismo han transcurrido por algo, eran necesarios para llegar a sentirte esa persona completa que ves ahora cuando te miras en el espejo.

Llevas dentro de ti gran sabiduría, la naturaleza te ha hecho sabio. En tu interior están todas las respuestas a tus inquietudes. Para eso conéctate con tu ser profundo. Libérate de pensamientos y creencias y descúbrete entero, magnífico, perfecto. No necesitas que los demás te aprueben para ser feliz, porque ya eres feliz, la felicidad es parte de ti. Eres una persona renovada y viva en el mundo que tú eliges cada día, alineada con el universo. Ámate, quiérete, cuídate, te sentirás seguro y feliz.

Fuente:

Vídeo  ‘Cómo amarte a ti mismo’, de Carolina Rovs

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Acerca del autor

Elías Berntsson

Tuve una infancia buena y feliz. Luego comencé el instituto, allí hubo gente que me descalificaba. Afectó a muchas áreas de mi vida hasta que no tuve ganas de vivir, un día todo cambió y lo supere. Por ello decidí crear este espacio, para compartirte esperanza y motivación. Y decirte que como yo, tú también puedes ver tu maravillosa vida a través del amor propio.

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