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Cómo Tomar Riesgos Positivos para Tu Vida

jump-2413367_1920Desde que nacemos estamos corriendo riesgos. Vivir como tal implica estar en constante riesgo porque estamos expuestos a situaciones de toda clase: laborales, sociales, afectivas, entre otras, que se presentan en menor o en mayor medida y que exigen una respuesta lo más adaptativa posible de parte nuestra. Se podría decir que esos son los riesgos cotidianos y más naturales que hay. Sin embargo, existen otra clase de riesgos que nos hace ir un paso más adelante, que pueden incluso hacernos cambiar el rumbo de nuestra existencia por una decisión que tomemos, según el momento, las condiciones y el contexto en que lo hagamos.

El miedo a tomar riesgos se presenta porque se teme a lo desconocido, a lo incierto y a salir de la zona de comodidad de lo ya conocido. Pero es precisamente haciendo lo mismo de siempre que terminamos obteniendo los mismos resultados y, si la idea que se tiene es la de obtener resultados distintos porque no estamos satisfechos con los de ahora, lo más lógico y sensato es emprender acciones distintas, saliéndonos del esquema cuadriculado y repetitivo en el que nos encontremos.

Por ejemplo, observemos el caso del presentador español de televisión José Miguel Monzón Navarro, más conocido como “El gran Wyoming”, quien entre otras cosas es licenciado en medicina y cabe decir que su familia está formada por farmaceutas, lo que indica que de alguna manera han perpetuado esa clase de labor relacionada con el campo de la salud. Pero, en un momento dado decidió cambiar la “seguridad” de la profesión de médico por el riesgo y la incertidumbre que generaba dedicarse a algo tan radicalmente diferente como lo es el mundo del espectáculo. Así que pasó a convertirse de médico a humorista, cantante y actor, saliendo de esta manera de la zona de lo ya conocido para permitirse explorar otras cualidades y destrezas. Hacer esto con motivación y determinación lo condujo a lograr una treintena de premios. También, en el año 2013 escribió un libro en el que hizo un recuento de la historia de España con un matiz muy particular de ironía y de humor. De este libro ya lleva más de 100.000 ejemplares vendidos y ocho ediciones publicadas.

Igualmente, otro ejemplo lo podemos observar en Tara Stiles quien ha sido catalogada como una mujer “tomadora de riesgos”. Salió de la ciudad pequeña en la que nació y se convirtió en quien es hoy en día. Fue modelo y actualmente es una de las instructoras de yoga que más seguidores tiene a nivel mundial. Confiesa que sus decisiones no siempre han tenido sentido para los demás, pero para ella sí. Cree que así llegue un fracaso, sigue tomando riesgos siempre y cuando haga lo que le apasione o lo que ame. Ella propone cinco pasos para tomar riesgos con el fin de lograr los objetivos propuestos:

Primero, entender y afrontar el hecho de que el miedo es natural, segundo, confiar en que todo es posible, tercero, no preocuparse por el resultado, cuarto, saber que se logra el éxito cuando se hace lo que se ama y quinto animarse a dar el “salto” con la confianza de que nada malo pasará. Ha enseñado a millones de jóvenes en esta práctica tradicional hindú. Cuando se fue a vivir a New York, se dio cuenta de que a pesar del éxito que tenía como modelo, lo suyo era el yoga. Entonces, al dejarse llevar por su pasión corrió el riesgo de dejar su “estable” éxito del modelaje para seguir el deseo de su corazón: el yoga y al hacerlo, sencillamente lo que logró fue un mayor éxito aún, incluso llegó a ser la entrenadora personal del médico y gurú espiritual Deepak Chopra.

Pero vale la pena hacerse la pregunta: ¿Qué hubiese pasado si estas personas por ejemplo, en lugar de obtener resultados positivos gracias a los riesgos que tomaron, hubiesen tenido resultados negativos o indeseados? Seguramente, hubiesen evaluado qué pudo haber afectado y lo hubiesen intentado de nuevo haciendo algunos ajustes o modificaciones en su comportamiento para conseguir resultados más afines a los deseados, pero, sin un exceso de ideas o de expectativas o de rigidez frente al modo de cómo supuestamente todo tiene que suceder, sino con la suficiente fluidez como para dejarse guiar por donde el corazón les dicte y la capacidad para abrirse a la posibilidad de conocer lo desconocido hasta el momento.

Si te da mucho temor asumir riesgos, puedes empezar con riesgos pequeños o que supongan consecuencias muy mínimas y así sucesivamente ir ampliando de forma gradual el nivel de “complejidad o de intensidad” del riesgo que implique poner en marcha determinada decisión.

Es importante aprender a distinguir entre un riesgo desenfrenado y el riesgo positivo. No para que sea positivo implica que todas las veces se vaya a conseguir lo que se desea tal cual. El riesgo positivo es aquel que te permite hacer cambios que te proporcionan una importante fuente de aprendizaje, que te hace disfrutar y sanar más fácilmente tus vivencias porque le haces caso a los deseos del corazón, que no ve las limitaciones que la mente sí para buscar más allá y dar ese paso distinto al usual que te conduce a explorar nuevas experiencias.

Por el contrario, un riesgo desenfrenado o descabellado o negativo es ese riesgo dominado por los impulsos pasajeros del momento, que pueden basarse en deseos superficiales o sin fundamento, más no un deseo profundo del corazón. Un riesgo desenfrenado generalmente va seguido de un llamado del ego a querer demostrar a los demás cuánto se puede lograr y que incluso se es superior al otro por esa supuesta habilidad para asumir nuevas aventuras. En este tipo de riesgo jamás se contemplan consecuencias de los propios actos y en caso de que así fuese, no se toman en cuenta, ni se asume ningún tipo de responsabilidad.

Tomar riesgos positivos, en cambio, es bastante saludable para avanzar en la vida y enriquecerla con mayores aprendizajes. Estar dispuesto a dar ese salto o a generar un cambio en eso que se ha venido haciendo siempre de la misma manera es de seres valientes que han venido mejorando su actitud a base de un despertar de consciencia. Por tanto, se requiere hacer un trabajo interior, eliminar creencias limitantes como: “no puedo”, “todo será un desastre”, y “¿qué haré cuando me pase algo que no desee?”, liberarse de estas creencias pesimistas, alarmistas y temerosas es la tarea a la que estás llamado. Necesitas salir de tu zona de comodidad en la que todo es conocido y ya sabes qué va a suceder porque vienes haciendo tantas veces lo mismo. Para esto: ¿observa qué emociones hay en tu ser?, ¿qué mensaje te dice tu organismo frente a esa nueva idea?, ¿sientes entusiasmo, curiosidad, motivación, energía?, ¿no atenta contra la vida de nadie?, entonces, ¡adelante, llévala  a cabo!. Es cuestión de decisión, responsabilidad, autonomía, y, por supuesto de autoconfianza y de autoestima, puesto que no precisas hacer lo que haces por darle gusto a los demás y no temes de lo que puedan pensar, sino que sabes en lo profundo de tu ser que estás siendo leal a ti mismo y que te dejas guiar por tu intuición acerca de lo que más resuena con tu corazón.

De igual modo, con un deseo bien cimentado de transformarte y de evolucionar en tu desarrollo personal darás ese nuevo paso sin temor a equivocarte, ya que al fin y al cabo cualquier resultado que se genere te ayudará en algún sentido: si es lo que esperas, te alegrará; si es algo indeseado, te enseñará ó si es algo difícil te fortalecerá; en todo caso, siempre terminarás de alguna manera mejor que antes en la medida en que aprendas a percibir este tipo de riesgos desde una perspectiva equilibrada, constructiva y entusiasta apalancada por una gran motivación de tu ser interior.

 

 

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