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Cuando Quieres más Relaciones Reales que Virtuales

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Actualmente es muy común encontrar relaciones virtuales y en ocasiones un debilitamiento en las relaciones presenciales, aquellas que en términos generales podríamos catalogar de “reales” porque se tiene contacto directo con alguien de “carne y hueso”.

Las relaciones virtuales presentan como ventajas la posibilidad de conocer a una gran cantidad de personas aunque estén localizadas en diferentes sitios geográficos a miles de kilómetros de distancia, la comunicación rápida o instantánea, el bajo costo, etc. Además, es un medio que facilita la expresión de ideas y de emociones a través de las publicaciones que se hacen por ejemplo en las redes sociales. Sin embargo, las relaciones virtuales tiene sus limitantes, entre las cuales se encuentra la dificultad para conocer a profundidad la actitud de una persona, la cual se refleja en sus gestos, en lo que dice como en lo que calla, en sus acciones, en lo que demuestra en la cotidianidad y esto va mucho más allá de lo que se alcanza a manifestar por internet. Por supuesto, a través del medio virtual se logran conocer algunos rasgos de personalidad del otro, pero lo que más se genera es una impresión. El cómo te pareció alguien o dicha impresión está sesgada por lo que se quiso dar a entender al otro o por lo que interpretas de esa persona y viceversa con solo un emoticón, una palabra, una foto, un mini-video. No solo aquí se muestra la limitante para construir una relación profunda, clara y sincera, sino (y lo más desafortunado) es cuando una persona se hace pasar por otra creando un falso perfil y se presenta a sí misma con características que en realidad no le identifican de ningún modo.

De manera obvia, no resulta nada conveniente ennoviarse con alguien con quien la relación se ha establecido cien por ciento online. Es pertinente en cambio, hacer un alto en el camino cuando se percibe que se está poniendo al otro en un pedestal basado en exageradas expectativas sin ni siquiera haberlo llegado a tratar personalmente la primera vez. Es ilusorio enamorarse así no porque no “debas” hacerlo, sino porque se trataría de una confusión, de una malinterpretación en la relación, pues de lo que te enamorarías es de la impresión que has creado de esa persona y no de su verdadero ser. Tú crees que determinadas características le representan y cuando por algún motivo por fin se concreta un encuentro presencial, abres los ojos y te das cuenta de que es un ser muy diferente al que imaginaste que era cuando por ejemplo, chateabas con él o ella.

Además, hay que tener en cuenta que no todas las personas se expresan con la misma habilidad tanto a nivel verbal como de manera escrita, ni de forma directa (cara a cara) como indirecta (al otro lado de la pantalla digital). Por eso, te puedes llevar malas sorpresas cuando después de un tiempo de estar en comunicación virtual deciden verse por primera vez, salir juntos o tener esa primera cita. En cambio, al revés no suele ser desilusionante: Primero la comunicación real-presencial y luego la virtual, pero aún así, cualquier relación no llega a ser lo suficientemente enriquecedora cuando se deja de lado el hecho de compartir en “vivo y en directo” diversos momentos, pues es allí en donde en realidad las personas se conocen tal como son y con base en ello se construye la relación.

Pueden ser agradables, interesantes y a veces divertidas las relaciones establecidas de manera virtual, pero el problema surge cuando este es el medio que predomina por encima del presencial.

Ten en cuenta que a través de un muro (pantalla) puedes con mayor facilidad ponerte todas las máscaras sociales que quieras sea con buena intención o no, sea por miedo al qué dirán o por un ego muy elevado o por el motivo que sea, mientras que quedan faltando los momentos por compartir, las experiencias, las vivencias y todo esos aspectos que se dan especialmente en compañía directa de alguien. Queda faltando lo que precisamente se necesita para que una relación tenga futuro, crezca y se fortalezca en el tiempo.

Cuando te das cuenta de todo esto, empiezas a desear más relaciones reales que virtuales, las cuales puedes empezar a establecer naturalmente en tu cotidianidad. Mira a tu alrededor, de forma frecuente se dan las oportunidades de hablarle a alguien, de ofrecer algún tipo de ayuda de manera desinteresada, de compartir una frase alentadora, de ser amable, de transmitir una energía positiva desde una sonrisa amplia y espontánea, etc. Quizá de alguna manera habías preferido las relaciones virtuales por temor a mostrarte presencialmente tal como eres, ahora afianzando tu amor propio, sales de ese escondite virtual y le expresas al mundo quién eres con virtudes y aspectos por mejorar con la confianza de que eres un ser digno de amar y ser amado. Si adicionalmente a esto, procuras tu continuo desarrollo personal y añades habilidades comunicativas (en donde nuevamente la autoestima es un pilar básico para que sean efectivas) entonces comienzas a atraer a las personas que deseas, que a la vez te convienen y que aportan de manera significativa a tu vida.

 

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