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Descubre la solución a tus problemas

Todos deseamos que nuestra vida transcurra feliz y sin preocupaciones. Las personas aspiran a vivir sin problemas. Algunas lo logran, y viven cada día con una serenidad que las hace especiales. Son esas personas que cuando te hablan te contagian paz, que irradian una energía especial que se expande allí donde van. Y cuando las ves te preguntas “¿Cómo lo hacen?”, “¿Por qué yo no puedo vivir así?”, “¿Qué me pasa a mí que los problemas me persiguen y me abruman?”, “¿Es el ambiente en el que me muevo?”, “¿Son las personas que me rodean?”.

Si perteneces a esa parte del mundo que vive aquejada por problemas, tengo buenas noticias para ti. Existe una solución, puedes cambiar esa forma de vivir. Puedes hacer que los problemas desaparezcan. ¿Reflexionamos juntos?

 

El mundo es energía, y la energía no es ningún problema

Lo primero que tienes que entender y que integrar a tu vida es que los problemas no están en el mundo exterior sino dentro de ti. No culpes a tu pareja, a tus padres, a tus hijos, a tus compañeros de trabajo, ni a tus amigos por tu vida. No culpes a nadie. Solo entiende que la forma en que vives depende solo de ti. Tú piensas, tú decides, tú haces. Solo tú. Nadie tiene que decidir por ti. Cuando asumas esta realidad, entenderás que en realidad, no tienes problemas. Tú te creas esas situaciones a las que llamas “problemas “.

Te estarás preguntando por qué afirmo esto. Pues bien. Los científicos, los investigadores, la física cuántica, nos demuestran cada día que todo es energía. El mundo es energía. Tú eres energía. Tu familia es energía. Esa energía puede ser potente y rápida o lenta y débil. Este es un principio fundamental para entender por dónde pasan esas vivencias que llamamos “problemas”.

 

¿Cómo se genera un problema?

Esa energía que forma tu entorno es la que crea tu realidad. La percibes a través de los órganos de los sentidos. Cuando ves algo, tus ojos están recibiendo esa energía de la que está hecho eso que estás viendo. Cuando escuchas palabras o sonidos, tus oídos reciben ondas sonoras, que también son energía.

La energía en sí misma no es problema. Pero se vuelve un problema cuando ya metida en tu mente la procesas de una forma determinada. Es decir, que tú mismo generas un problema a partir de un estímulo exterior, de esa energía que recibes. En esa energía no hay problemas. Es solo energía. El problema está dentro de ti, tú lo inventas, tú lo creas, tú complicas esa energía y la sientes como problema. Esa energía llega muy potente y rápida, o muy débil y lenta.

Empiezas a crear un problema cuando empiezas a decirte que todo va a empeorar. Y entonces piensas “Estoy viviendo un momento terrible”, “Mi economía es un desastre”, “Vivo enferma”, y cosas por el estilo. Estos pensamientos se arraigan dentro de ti y los cargas a cada momento. Y entonces sí, has dado a luz un problema.

 

El ego te traiciona

Los textos espirituales antiguos, el Antiguo Testamento, el Torá, atribuyen todo lo creado en el Universo a Dios. Dios creó el cielo y la tierra y vio que era bueno todo lo que creó. No hablamos de religión, no importa si crees en un Dios creador, o en la naturaleza origen de todo lo que existe. Hablamos de esa Fuente de la que surgió el mundo. Si la Fuente creó todo y esa creación es buena ¿cómo explicar lo malo que nos pasa?

El hombre, con su libre albedrío y su posibilidad de elegir, creó el ego. El ego es una idea que llevamos dentro. Pero es tan poderoso que condiciona nuestra vida. El ego te dice, por ejemplo, que tú eres alguien separado de todo lo demás, separado de los otros hombres, separado de la Fuente que te creó, separado de Dios. Y te convence de que en realidad solo eres en función de lo que tienes. Si tienes mucho, eres mucho. Si no tienes nada, no eres nada. Y así, la posesión de dinero y de objetos materiales se vuelve un motor para tu vida. También es el origen de situaciones a las que etiquetas como “problemas”.

Lo mismo sucede con los vínculos con los demás. El ego te hace creer que tienes que ser lo que los demás esperan de ti, que debes tener buena reputación y fama. Aquí tienes otra fuente de eso que llamas “problemas”. Por tanto, el problema verdadero es que te has convencido de que estás separado de la Fuente, separado de Dios. El ego te ha metido esa idea en la cabeza. En el momento en que piensas que estás separado de Dios, cuando dejas de creer que eres uno con él y con todos los demás hombres, comienzas a desarrollar falsas ideas, que es a lo que llamas “problemas”.

Cuando eso ocurre, se genera un sistema de creencias que interpreta mal la energía que recibe del exterior, la analiza mal, le atribuye un significado falso. Y entonces, aparece el problema. Como verás, los problemas no tienen existencia propia ni independiente. Cada persona los crea, los alimenta y los mantiene sobre sus espaldas torturando su vida. Si tú sientes que tienes un problema, sabes ahora por qué apareció en tu vida. No hay más responsables que tú mismo.

 

La solución

Te estarás preguntando para qué te sirve conocer el origen de tus problemas si lo que de verdad quieres es una solución. Deseas liberarte de una vez y para siempre de los problemas que tanto te afectan. Si el problema está en ti, la solución también está en ti.

¿Cómo corriges esa forma de pensar que origina los problemas? El primer paso es entender que todo lo que tienes, todas las relaciones que hay en tu vida, tus lazos con el dinero y con las demás personas, todo, absolutamente todo, está en tu mente. Tu mente es la que procesa las relaciones con el mundo.

Veamos un ejemplo. Si tus pensamientos sobre alguien tienen que ver con lo que no te gusta de esa persona, con lo que no funciona, con lo que quieres que sea, con lo mal que se viste o que habla, eso que piensas es la realidad para ti. Si esa persona en la que tu mente te muestra todo lo que te desagrada es tu pareja, estarás creando un problema, porque verás en ella un ser desagradable para ti. Por el contrario, si quieres una relación agradable, que te brinde bienestar y que te haga feliz, tienes que empezar a tener pensamientos acordes con eso que quieres que sea. Entrena a tu mente para generar pensamientos positivos, a mirar todo lo bueno que hay en la otra persona. Descubre cuántos rasgos hay en ella que te resultan satisfactorios. Estarás creando una realidad feliz. Y el problema no existirá.

Cambiar la manera de pensar es la forma de empezar a que los problemas se desvanezcan. La mente es una especie de varita mágica que, a través de los pensamientos positivos, hace que los problemas desaparezcan.

 

Existe una solución espiritual para los problemas

El espíritu es también energía, es el sustento de la vida en la Tierra. Esta fuerza puede resolver todos tus problemas. ¿Cómo hacer que esto ocurra?

El primer paso es reconocer que el espíritu existe. Para ello debes superar muchas creencias que te han impuesto durante toda la vida. La solución a tus problemas no está en tu cuerpo ni en tu razonamiento. Eso es lo que te han hecho creer. La solución está en recuperar tu conexión con la Fuente, con Dios. Y así entrarás en la esfera del espíritu. Es necesario que reconozcas y que creas en el poder de esa energía espiritual que siempre está disponible.

Si te es difícil convencerte de ello, recuerda que los pensamientos hacen tu realidad. Por tanto, repite frecuentemente “Reconozco que existe una solución espiritual para mis problemas”. Es un primer paso, reconocer que el espíritu te permitirá solucionar tu problema. Tienes que convencerte de eso.

El segundo paso, es descubrir el valor de la percepción. La percepción va más allá del razonamiento intelectual. En el ámbito de la percepción solo confías en tu propia experiencia. Dejas a un lado todo lo que te han dicho, todo lo que te han hecho creer y te encuentras contigo mismo. Entonces, percibirás la presencia espiritual que es el origen del Universo. Te reencuentras con la Fuente, con Dios, contigo mismo. Cuando entras en ti mismo, no tienes que explicar ni que defender nada. Solo percibes tu espíritu. Es una experiencia que trasciende cualquier actividad intelectual. Experimentarás el gran poder de las soluciones espirituales. Te darás cuenta que con esa energía espiritual controlas todos los desequilibrios que hay en tu vida.

Cuando logras el encuentro con el espíritu, te unes a la Fuente. Vences al ego y te vuelves uno con Dios. Ya no estás separado de él. Eres una parte de Dios. Verás que encuentras la solución espiritual a cada problema. En lugar de pensar “Tengo un problema, yo debo solucionarlo”, entregarás ese problema al espíritu, a ese compañero que siempre está contigo y que es dueño de un poder absoluto. Y así, pasarás a un estado de paz.

 

Un método práctico

Prueba este método para empezar el cambio. Cuando un problema te abrume, busca un lugar silencioso en el que puedas estar solo, sin distracciones. Cierra los ojos y deja fluir tus ideas acerca de cómo deberías resolver ese problema que tanto te molesta. Escucha, siente, abre tu mente al encuentro con el espíritu. Ten fe en que estás en unión con el poder del espíritu, que te guiará en la dirección correcta.

Vacía tu mente, libérala de todo eso que tu razonamiento y tus creencias te indican que debes hacer. No permitas que el ego invada ese espacio de encuentro con el espíritu. Piensa que confías en ese gran poder que mueve al mundo. Abandona tus pensamientos al poder del espíritu que hace que las cosas funcionen.

Cuando alcances ese estado, te liberarás de todos los pensamientos de ira y de culpa por lo que has hecho o lo que te ha ocurrido. Los dejarás ir. Entonces, en tu mente vacía habrá lugar para el perdón, para la generosidad y para el agradecimiento. Te sentirás conectado con todo y con todos, y la alegría será parte de ti. La solución llegará. El espíritu te la proporcionará.

 

¿Qué es ser espiritual?

La palabra “espiritual” se refiere a una manera de ser. Ser espiritual es vivir en contacto permanente con el espíritu.

Convéncete de que todo eso a lo que llamas “problemas” se disuelve y desaparece si lo saturas con la energía superior del espíritu. Ese espíritu es parte de ti, es uno con tu cuerpo.

El amor es fundamental. La capacidad de responder con amor al odio, a la ira, al temor te hará un ser espiritual. Es esencial entender que eres un ser espiritual que tiene una experiencia humana, que tu espíritu es inseparable del infinito. Es sentir que hay una parte de ti que no morirá jamás, porque, precisamente forma parte del infinito.

Una de las formas de valorar si eres espiritual es descubrir cuánta energía dedicas a un estado de alegría. ¿Eres alegre o depresivo? ¿Te fijas en el lado oscuro de tu vida y piensas que todo va a salir mal o eres optimista y atiendes a lo positivo, a la luz? Inclínate hacia la energía de la luz, de la alegría, del amor, que es energía poderosa y rápida.

Cuando entras en el campo de la energía del espíritu, de la energía de Dios, ya no dudas de que hay una solución espiritual para cada problema.

 

Fuente:
Wyne Dyer – Vídeo “No tienes ningún problema”

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Acerca del autor

Comentarios

  • Anónimo Publicado 6 horas ago

    Excelente.

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