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¿Dónde está la paz? Cómo encontrar la paz en tu corazón

Encontrar la paz. ¿Cómo ha sido tu día hoy? ¿Cómo lo has vivido? ¿Qué has sentido?  Probablemente has tenido altibajos durante la jornada. Habrás pasado por momentos de bienestar en los que las cosas han marchado bien. Todo fue saliendo más o menos  como querías y aunque estás cansado por correr de aquí para allí y por intentar hacer todo bien, tal como te han dicho que debes hacer, sientes cierta satisfacción interior.

Pero seguramente también has vivido otros sucesos que te han provocado malhumor y quizás hasta cierta depresión. Y es posible que  tu mente siga dando vueltas buscando al culpable.  Te culpas tú mismo y empiezan los ‘Quizás si hubiera hecho esto así…’ te atormentan. Y también culpas a los demás, a tu pareja, a tus amigos, a tu jefe, a tus hijos.

Pero lo cierto es que ni en los buenos momentos ni en los malos, logras la paz. Quieres liberarte y crees que  esa vida loca que te lleva de aquí para allá te dará la paz y la libertad que deseas.

Pero ¿sabes?  No hay paz ni libertad en este mundo de afuera, en este mundo en el que el tiempo, el espacio, las cosas  te controlan.  Nada en él te puede dar la paz de Dios.  Es posible que esta afirmación te haya impactado un poco. Siempre te han dicho que cuando tengas tu título, tu gran trabajo, tu casa, tu familia, tus viajes, tu coche, ahí estarás bien, estarás por fin en paz y serás libre.

Y resulta que  ahora yo te estoy diciendo que esto no es así y estoy tirando por tierra todo tu sistema de vida, todas tus creencias, todo eso en lo que has creído siempre. En este mundo perceptible, de los objetos y del dinero, nada va a darte la paz de Dios.  ¿Y sabes por qué? Porque Dios ya te la ha dado. No existe el ‘voy a encontrar la paz’  porque ya la tienes. Así que, no debes hablar en futuro,  porque Dios no te dará la paz, porque ya te la dio. La paz está en ti. Él te dio infinita y eterna paz para siempre.  Porque siempre has estado unido a Dios, aunque lo hayas olvidado.

El Ego

¿Por qué has creído siempre que vas a encontrar la paz y la libertad en este mundo en el que corres y compras cosas? ¿Quién te ha hecho creer esta mentira? El ego es el gran responsable. El ego es quien te ha hecho creer en todas las dádivas de este mundo perceptible del afuera, en el que ganas dinero, compras cosas, vas en un coche, sales con amigos, ríes, lloras…

Es el ego el que te hace creer que en este mundo puedes sentir placer o dolor, sentir miedo o alegría. El ego te ha condicionado a través de tus padres y maestros, transmitiendo esas creencias que te han mantenido engañado todo este tiempo.

Y si no lo crees, compruébalo. Te propongo que pienses en esas cosas que según tus creencias te traerán paz y libertad duradera.

Revisa tu historia de vida, las metas que te has propuesto para alcanzar esa paz. Piensa… ¿tu objetivo ha sido comprarte una linda casa? ¿Tener un coche? ¿Un viaje? ¿Creías que después de eso que querías tener estarías en paz. Pero ¿qué ha pasado? Quizás conseguiste tu casa, tu coche y viajaste, pero ahora, en este momento, sientes que nada mejoró, que todavía estás buscando esa paz y esa libertad.

¿Cuántas cosas has logrado que te creías que te iban a traer una paz duradera y no ha sido así? ¿Cuánta paz te han traído esos logros, esas conquistas? Ninguna. Nada.

Ni cuando conseguiste esa pareja nueva que pensabas que iba a arreglar tu vida, ni cuando te alejaste de personas que te hacían sentir mal, ni cuando lograste mucho dinero, nada de eso te hizo encontrar la paz. Nada te dio libertad. ¿Y cómo estás hoy? Igual que antes, corriendo tras esa paz que nunca llega.

Quizás en ese mundo perceptible del afuera, en el mundo material, has logrado momentos de felicidad efímera, de alegría por lo logrado. Y eso está bien. Pero cuando la novedad y la euforia por la conquista desaparecen, vuelve el vacío y la sensación de que no hay en el mundo paz para ti. Tampoco libertad, porque vives preso del ego que te impulsa a más y a más.

Lo que tengo para decirte hoy es que hay otra manera. Ya has comprobado que la paz de Dios y la libertad no las tendrás en esa búsqueda en el mundo exterior y perceptible.

Deja ahora de buscar culpables, de culpabilizarte a ti, a la suerte, a los demás porque no puedes encontrar esa paz que buscas. ¡Es que estás buscando mal! Acéptalo. Es momento de buscar en otro lado, en el lugar correcto, en ese espacio en el que sí tendrás la paz de Dios y la libertad eterna.

Donde Encontrar la paz?

¿Dónde está la paz, entonces?  La paz está en ti, porque tú estás en Dios, eres uno con él. ¿Cómo llegas a ella? ¿Cómo encuentras esa paz que Dios puso en ti?  A través del perdón.  Pero el perdón del que te hablo, no es el perdón del que siempre se habla. Perdonar no es lo que alguna vez te enseñaron que era.

El ego ha tomado la palabra ‘perdón’ y la ha ajustado a sus fines, a sus propósitos. Perdonar no es liberar al otro de culpa porque tú eres superior a él y por eso lo ‘perdonas’. No es eso. Perdonar es reconocer y saber mirar.

¿Y qué debes reconocer?  Para perdonar es necesario empezar por entender que el mundo que ves es completa creación de tus pensamientos, es una ilusión, no existe.

Ese mundo es irreal. Y si en ese mundo sufres, tu sufrimiento tampoco existe, porque el mundo es pura ilusión.  Porque si el mundo es irreal, entonces, no puede ser causa de nada, no puede provocarte nada, ni felicidad, ni infelicidad, ni alegría, ni nada.

El mundo que consideras real, en el que vives y te mueves, en el que amas, trabajas, disfrutas, comes, duermes, caminas, ese mundo es creación de tu mente. Es como una película que el ego te ha impulsado a crear, y que la sociedad alimenta cada día.

En el escenario de esa película ves que ocurren maltratos, injusticias, robos, asesinatos, aprovechamiento de los más débiles.  Entonces, te enojas, maldices a los que consideras culpables, te indignas. Te sientes culpable porque no puedes evitar que esas cosas ocurran. Entonces, empiezas a culpar a otros, a los vecinos, a los gobiernos, a las organizaciones.

Te amargas y te sientes más infeliz que nunca, lleno de rabia, lleno de culpa, culpando a todos. Pero, despierta, ese mundo que crees real es solo una película. Ese escenario y cada uno de los sucesos que ves en él son pura creación de tu mente. Lo que ves allí es una representación del contenido de tu mente.

Esas injusticias y maldades que ves en la película están ahí porque tú se lo permites, porque tú has decidido que la injusticia pueda ser real. Y si te indignas y reniegas, no encontrarás nunca la paz, jamás serás libre.

Además

Este reconocimiento del mundo como una creación de tu mente, es parte del perdón. Así empieza tu encuentro con la paz y con la libertad. Si elijes perdonar esas situaciones que tanto te indignan, reconociéndolas como obra de tu mente y de tu ego, tu entendimiento se abre a una nueva visión. No puedes cambiar el escenario de la película, pero sí puedes elegir el significado de ese escenario y responder con el perdón.

La libertad es deshacer la culpa inconsciente, esa creencia de que tú eres culpable y de que tus hermanos son culpables.  Los únicos culpables son el ego y tu mente que te hacen creer en un mundo que no es real. Y nadie más.  En esta nueva perspectiva, te sentirás uno con Dios porque eso eres, parte de él.

El ego te ha llevado a creer que podías vivir separado de Dios, y tú te lo creíste profundamente, como algo cierto. Entonces empezaron las culpas, y proyectaste todo un mundo físico, de cosas, de tiempo, de espacio, en donde podías encontrar culpables. Y el mundo te pareció despiadado porque te hace sufrir y no te da paz. Pero al mismo tiempo, crees que en ese mismo mundo puedes encontrar la paz y la libertad.

Piensa en lo contradictorio de la situación. Sientes que ese mundo que te ataca y que no te permite vivir en paz, feliz y libre, te puede brindar paz, felicidad y libertad. Y te ocupas de todas las cosas de este mundo porque el ego te impulsa a eso.

Entonces, en esa atención al mundo que consideras real, pero que no lo es, reemplazas el amor de Dios. El ego está detrás de esta maniobra, el ego que controla tu mente no te deja ver esta verdad.

¿Y cuál es esta verdad? La verdad es que sentirás paz y felicidad reales cuando hayas perdonado, cuando hayas deshecho tu creencia en que este mundo es real y te dará todo. Esto equivale a deshacer tu creencia en el ego, a despojarte de las culpas y del odio hacia ti mismo y hacia los demás.

Ahí está el problema. Es preciso deshacer todas esas formas de pensar y de vivir. El problema no es que necesites más dinero o que tengas que trabajar más para conseguir más cosas. El verdadero problema es la culpa inconsciente que te separa de Dios.

Te preguntarás ¿pero entonces tengo que dejar de trabajar y de comprar las cosas que me gustan? ¿Ya no debo viajar y tener una linda casa para mi familia?  No se trata de eso. Claro que seguirás trabajando, ganando dinero, deseando tu viaje y comprando cosas bonitas.

Solo que tienes que ser consciente de que nada de eso te dará la paz que necesitas. Puedes seguir viviendo con las reglas de ese mundo exterior creado por el ego. Es más, no debes dejar tus responsabilidades en este mundo.  Debes seguir atendiendo a tu familia y trabajando.

Y así, cuando dejes de buscar esperanzas de paz en este mundo real del afuera, te darás cuenta de que estabas buscando en el lugar equivocado. Reaccionarás y buscarás en donde realmente está la paz: en tu interior. Allí la tienes, porque allí está Dios que es uno contigo.

Y como Dios es uno contigo, también es uno con tus hermanos, con las demás personas.  Y sentirás que no estás separado de Dios ni de tus hermanos.  Es así que buscar en tu interior es perdonar a tu hermano, dejar de juzgarlo y de culparlo. Es reconocer que lo creíste culpable porque proyectabas en él tu propia culpa. Y te darás cuenta del gran engaño que ha sido tu vida hasta ahora.

Creías en un ‘yo’ separado de Dios y de los demás, un ‘yo’ que te hacía sentir independiente, con una identidad propia. Un ‘yo’ que se desempeñaba en ese mundo exterior creado por el ego que se vestía de una profesión, de un rol en la familia, de una ocupación.  Pero ese ‘yo’ también era una  ilusión, una creación del ego.  Y ahí, en tu interior, entiendes que eres uno con Dios y con tus hermanos, y que no hay ningún ‘yo’.

Es momento de buscar la felicidad en tu interior. Tienes que buscarla adentro de ti, allí donde está tu inocencia y la de tus hermanos, donde no hay culpas ni odios.  Ese es el verdadero perdón, ese reconocimiento de que nada en el mundo exterior es real y de que nada en él te dará la paz de Dios, porque la paz ya está en ti, en tu interior.

En esa unión con Dios siempre estás a salvo, y si no te has dado cuenta hasta ahora es porque el ego te lo ha impedido.  Por eso, detén tu marcha por un momento, reflexiona, y deja de buscar en el mundo exterior.

Seguirás con tu vida en el mundo irreal del exterior, no hay incompatibilidades entre tu búsqueda interior y tu vida en el exterior. Y  el dinero y los logros en el afuera te alegrarán, sí, y eso está bien.  Pero tendrás muy claro que no son esos logros ni ese dinero los que te harán feliz y libre.

Te invito a un momento de paz, de la verdadera paz, de esa paz que encuentras en ti. Ponte cómodo, respira profundo y relájate. Déjate llevar por las siguientes palabras:

Eres parte de Dios. Él te creó y se quedó en ti, está dentro de ti, siempre ha estado allí. Dios es la paz que buscas, él te hará libre. Abre tu mente, déjala que escape el control del ego, a los pensamientos del mundo exterior. Relájate. Disfruta de la calma. Repite en tu interior:

‘Hoy elijo estar en paz, elijo soltar la culpa y el odio. Hoy elijo aprender a vivir en plenitud y en libertad. Todos mis problemas y mis preocupaciones son ilusiones del ego, los dejo ir, porque Dios es la verdad, es la única realidad. Y la verdad me hace libre. 

Soy mucho más que un cuerpo y una mente, porque soy uno con Dios y con lo que me rodea. Dios me muestra mi verdadero propósito, aquel para el que fui creado: ser feliz, vivir en paz y perdonar. En este lugar de Dios no existen las culpas, porque todos somos Dios.

Hoy reconozco mi unión con Dios y con las demás personas, me uno a la Fuente y reconozco que esta es la única verdad. La voluntad divina es perfecta y por tanto la dejo desarrollarse en mí. Hoy me siento portador de esa voluntad divina de perdón y de paz. Mi propósito es ser uno con Dios y compartir este propósito con mis hermanos desde el amor y desde la paz. Hoy soy libre.

Encuéntrate con la única realidad, la que tienes dentro de ti. Todo lo demás es ilusión.

Inspirado en: Itsaro Suitt, Vídeo ‘Buscar en el lugar equivocado’

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Comentarios

  • María del pilar Rueda lozano Publicado 6 horas ago

    Gracias por estos lindos regalos que nos haces ,una verdadera satisfacción como siempre haces a los demás gracias gracias gracias

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    • Elías Berntsson Publicado 7 horas ago

      Gracias a ti por tomarlo como regalo para tu vida. ¡Un abrazo!

      Reply
  • Sonia Pereira Publicado 7 horas ago

    Gracias infinitas por estos regalos llegaron en el momento que más lo necesitaba, me has salvado, el señor te siga Bendiciendo Elías

    Reply

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