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Educación Basada en el Amor Propio

family-1784512_1920Afortunadamente los tiempos y las tendencias han venido evolucionando en muchos ámbitos incluyendo el de la educación, gracias a las nuevas formas de pensamiento que se han venido construyendo socialmente. Si décadas atrás, por ejemplo, se creía que “la letra con sangre entra”, ya hoy en día esto sería cuestionado por la mayoría de la gente. Desde la psicología y desde otras disciplinas del campo social se han encontrado valiosos aportes que vienen a nutrir las bases en los procesos de aprendizaje, así como en los estilos de crianza más eficaces. En la actualidad se puede conciliar más fácilmente con la idea de que educar desde el amor y el respeto resulta mucho más edificante que una educación con signos de violencia o de sometimiento, es decir, una educación basada en el miedo.

¿Quién debe tener amor propio? Todas y cada una de las personas, en este caso, incluyendo tanto a educadores como a educandos. Los educadores no son solo los docentes, de ninguna manera, sino que son todas aquellas personas que intervienen en el proceso de enseñanza de los otros, usualmente de los niños y de los jóvenes. Por tanto, los educadores o formadores son también los padres, los cuidadores, los tutores y hasta los familiares cercanos. Si no tienes hijos, tal vez seas un referente importante, por ejemplo, para un sobrino o un primo de menor edad y en ese sentido tienes un papel importante que desempeñar seas consciente o no de este. Dicho rol no ha de ser por obligación (a no ser que seas su padre o su madre), sino como un acto de amor y de voluntad, tal vez sea además una de las misiones de tu vida en la tierra. Sea el caso que sea, procura que el acto no se quede en un “deber” sino que trascienda a un “querer”. Esto además, contribuye a la eficacia en las estrategias que emplees en el proceso formativo.

Antes de nada, debes tener en cuenta que no existen las fórmulas únicas ni las recetas sobre cómo educar o aportar en la formación de alguien que apliquen de igual manera para todos los individuos, dado que cada uno es único y sus relaciones también.

Ahora, para comenzar necesitas tomar consciencia de cómo se encuentra tu amor propio. Para fomentar que el/la niño(a) se ame a él o a ella misma, debes primero amarte tú para enseñarle a través de tu ejemplo. Ya se ha visto la gran importancia de este tema como aspecto esencial para el desarrollo de las sanas relaciones con uno mismo y con los demás, lo que representa una vida más feliz. Así que: Manifiesta tu buen trato hacia ti mismo, tu serenidad ante las equivocaciones y tu actitud de tomar parte activa en el cuidado de tu salud integral. Tu educando te observará. Pero, eso sí, hazlo de forma consistente y permanente.

Comparte momentos lúdicos y de entretenimiento con él o ella: Tu labor no ha de centrarse solamente en estar presente cuando se trate de explicarle una tarea que no entienda o un asunto académico, sino de propiciar otras experiencias en donde interactúen en un ambiente divertido, que los saque de la rutina y en donde a la vez se continuarán dando aprendizajes incluyendo los de tipo social, relacional y afectivo. Salir al parque, practicar un deporte, ir a ver una obra de arte, invitar a los amigos más cercanos del niño o de la niña y entre todos pasar la tarde con un juego didáctico, etc., son algunas de las actividades que pueden realizar.

Procura involucrarte al mismo tiempo que respetas sus espacios de acuerdo a su edad. Si ya está dejando de ser niño y se está convirtiendo en adolescente, recuerda tener presente que muchos de sus intereses pueden estarse modificando y que ahora sus pares o amigos tienen una mayor relevancia en sus vidas, ya tú probablemente has dejado de ser su “héroe favorito” y ahora necesita sentirse identificado con los chicos de su edad, así como sentirse parte de un grupo en donde se comparten unas costumbres y características en particular. Esto hace parte natural del desarrollo, pero también con mayor probabilidad es aquí en donde se sientan vulnerables frente a la opinión de los demás. Por eso, lo que puedes hacer es respetuosamente recordarle que no ha venido al mundo a cumplir las expectativas de los otros, sino a ser feliz; que lo mejor que puede hacer frente a cualquier comentario despectivo es no darle importancia y que si lo está afectando mucho, lo mejor es que tome distancia de quien proviene las burlas. También hay que recordarle sus cualidades y halagarle con sinceridad cuando logre algo de lo que se ha propuesto o cuando su comportamiento ha sido positivo y asertivo; igualmente, frente a una grande, mediana o pequeña derrota hay que estar allí apoyándole y haciéndole caer en la cuenta de sus recursos personales para levantarse de nuevo, haciéndole notar de que todo se trata de un aprendizaje en la vida.

Otro aspecto clave es darle amor incondicional a tu educando, independientemente de su personalidad, de lo que piense, de lo que sienta, de lo que logre o no logre. Muéstrate siempre disponible a ayudarle en lo que necesite. Si se portó “mal” no le digas por ejemplo: “eres un olvidadizo” sino “en ocasiones no recuerdas fácilmente las cosas”; no le digas “eres un perezoso”, sino “a veces muestras poco dinamismo”, de este modo, te estarás refiriendo específicamente a sus comportamientos y no a lo que él o ella “es” como persona.

Propicia la curiosidad en él o en ella, así como el deseo por conocer y por explorar nuevos asuntos. No te centres solo en el conocimiento de las “cosas”, sino en cultivar la sabiduría con base en valores humanos que le sirvan para toda la vida. Motívale a que se haga preguntas interesantes sobre la existencia, el universo y la naturaleza para que estimule su espíritu reflexivo.

Finalmente, déjalo que sea lo que quiera ser, esto significa que le puedes mostrar el camino más “prometedor de buenas nuevas”, pero no puedes caminar en su lugar ni insistir en que todo se haga bajo tu propia perspectiva, pues a él o a ella le corresponde a medida que va creciendo elegir su camino y si en este encuentra muchas espinas, debe elegir de manera autónoma tal vez otro en el que se sienta mejor. En todo caso, no es posible prevenir todas las caídas, muchas veces estas son necesarias para fortalecer el propio carácter y seguirse formando.

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