En: Mejorar la autoestima2
La fuente de la vida está en ti

Hay momentos en nuestra vida en que nos sentimos perdidos. ¡Hemos corrido tanto, hemos luchado tanto! Agotados, nos detenemos a pensar qué nos faltó, qué hicimos mal, por qué no logramos encontrar un sentido a la vida. Corrimos detrás de una meta, de algo que creíamos que sería lo máximo. Y pensábamos que obteniendo eso, estaríamos completos y felices. Pero cuando lo alcanzamos, renació esa sensación de desconformidad y de vacío. Y el circuito siempre vuelve a comenzar. Otra meta, otro objetivo detrás del cual correr y otro desencanto.

Quizás eso te esté ocurriendo a ti o a alguna persona cercana a ti. Y tal vez estés leyendo estas líneas buscando una verdad que te indique qué debes hacer para terminar con estas carreras sin fin. No hay misterios en esto. El auténtico objetivo de vivir es ser feliz. Y ser feliz es, precisamente, disfrutar de la vida, de cada minuto, de cada acontecimiento por pequeño que sea. Es encontrar un lugar, que no es espacio físico sino espacio de vida, en el que sientes que ya no tienes que seguir corriendo intentando ir hacia otro sitio, buscar otras cosas. Es instalarte cómodo y feliz en el atardecer de la vida.

 

¿Cómo empezar a encontrar tu objetivo en la vida?

El camino más directo es regresar a tus orígenes naturales. Esos orígenes no son realmente tus padres. Todos nosotros provenimos de un lugar llamado “Espíritu”, “Fuente”, “Dios”. Nuestro origen, y por tanto, tu origen también, es una pequeña gota de protoplasma humano. Una gota que se ha desarrollado y se ha convertido en ti. Piénsalo. Quizás te parezca extraño esto, pero es así. En esa pequeña gota estuvo desde el comienzo de tu vida todo lo que necesitas para vivir. Y desde el momento de tu concepción hasta el alumbramiento, durante esas cuarenta semanas que ha durado la gestación, no has tenido que hacer nada. No te has preocupado por el color de tus ojos ni de tu cabello, ni por el aspecto de tu cuerpo. Estabas dotado de un impulso hacia el futuro, ese futuro que has intentado concretar en el tiempo que has vivido.

Entonces, piénsalo bien. Si esa célula original contenía en potencia lo que necesitaste durante esos nueve primeros meses ¿te cuesta mucho creer que esa mota inicial tenía también todo lo que requieres para el resto del viaje que es tu vida? Es lógico pensar así. Esa célula inicial que fue tu origen tenía todo, todo lo que eres y serás. Allí estaba tu personalidad y lo que puedes llegar a ser, no solo en lo físico sino en todos los aspectos de ti mismo. Todo estaba allí y aún lo está. Solamente necesitas abrirte y permitirte encontrarte con tu origen.

¿Y por qué tenemos que correr y correr para obtener más y más cosas? ¿Por qué nos cuesta tanto satisfacer nuestras necesidades? Estas son buenas preguntas que la gente se hace. El problema comienza cuando nacemos. Nuestros padres nos miran y nos ven tan desvalidos que inmediatamente empiezan a ocuparse de nosotros. Nos enseñan cómo vivir, nos transmiten sus creencias y las del entorno en el que viven. Creen que así nos protegen. Y nos hacen creer que no podemos confiar en lo que somos, sino que tenemos que confiar en algo exterior a nuestra persona.

Entonces, el ego aflora con todo su poder. Nuestros objetivos serán los que la sociedad exterior establezca. Y el ego nos inculca que solo somos lo que tenemos. Primero serán juguetes, luego cuentas corrientes y posesiones, éxito, fama, renombre. Y en un abrir y cerrar de ojos, ya dejamos de ser aquella gota de protoplasma que nos dio origen para ser lo que la sociedad exterior quiere que seamos. Nos identificamos en nuestras posesiones. “Más tienes, más vales” parece ser el principio guía. Y crecemos en esa cultura del “más” que el ego nos impulsa a seguir. Y así, cuando llega el día en que esas posesiones desaparecen, tú desapareces con ellas. No tienes nada, no eres nada. Y todo por culpa de vivir pendiente del ego.

¿Qué es el ego? El ego es una voz interior que sutilmente te dice que no eres una parte de Dios, de la Fuente, de la Naturaleza (o como quieras llamarle) completa y perfecta.

La primera característica del ego marca el impulso por tener. Permanentemente te hace creer que necesitas cosas que te completen.

La segunda característica es que, además de ser lo que tienes, también eres lo que haces. Y entonces, vives haciendo: haces para tener dinero, haces para ascender en tu trabajo, haces para verte bien, haces para ganar en las competiciones. Haces para ser el número uno, porque el ego te convenció de que tienes que ser mejor que los demás. Haces, haces, haces, pero siempre estás pendiente del mundo exterior, y no miras lo que verdaderamente sientes en tu interior.

La tercera característica del ego es que eres lo que los demás piensan de ti, es decir, tu fama, tu reputación. Es como si tú fueras según el espejo de los otros. Y entonces, debes vestir a la moda, porque los otros esperan eso de ti. Y tienes que salir a determinados lugares, porque eso dicen que tienes que hacer. Y la fuerza de este rasgo del ego es tan fuerte que condiciona toda tu vida. Siempre estás tratando de encajar en ese mundo que te crearon los demás.

Este condicionamiento es muy fuerte si eres mujer. El exterior espera de ti que te ocupes de la casa, de los niños, de tus padres ancianos, de tus nietos. El ego te dice que solo te realizarás en relación con la familia, como hija, como madre, como abuela. Pero es hora de rebelarse. Especialmente en estas definiciones debes desoír al ego y alejarte de él. Estás en el mundo para crear algo poderoso y tienes el derecho de hacerlo.

Finalmente, el ego nos enseña el error supremo: que estamos separados de la Fuente. Y una de las cosas más simples que aprenderás cuando te liberes del ego y encuentres el sentido de la vida es que provienes de una Fuente. No importa el nombre que le des: puedes llamarla Fuente, Dios, Tao. La Fuente es el origen. Está en todas partes, y crea todo lo que existe. Todo proviene de esa Fuente. Tú provienes de esa Fuente. Por tanto, la Fuente está en ti. Reencuéntrate con ella.

¿Cómo lo harás? Déjate llevar, no te resistas. Detén la carrera del ego y experimenta la felicidad de la Fuente. No estás solo, ella te guía, confía en ella. No es difícil, pues ella es tu origen y por tanto, está en ti.

Eres igual a tu origen. Todas las cosas del universo son imagen de su origen, y, por tanto, iguales a él. De una semilla de calabaza nunca saldrá un pino, por ejemplo. Por tanto, para saber cuál es el destino de tu vida, tienes que mirar dentro de ti y encontrar tu origen. Pregúntate “¿De dónde vengo?”, “¿Quién soy?”, “¿Cómo soy?”. A medida que encuentres las respuestas a estas preguntas, acallarás a tu ego y serás realmente tú.

Cuando esto ocurra, comenzarás a tomar las decisiones desde tu auténtico ser y ya no lo harás desde el ego. ¿Cómo te darás cuenta de que este momento ha llegado? Pues porque ya no estarás estresado, enfadado, apurado. Ya no sentirás miedo ni te abrumarán los tiempos y las listas. Te sentirás bien contigo mismo y tu vida tendrá al fin sentido. Estarás feliz. Te sentirás feliz.

Abandonar el ego no es volverse inactivo y solo esperar. No debes confundirte. Dejar de escuchar a tu ego no implica sentarte para que la vida transcurra. Imagínate siendo capaz de vivir, trabajar y hacer todo lo que haces a partir de un lugar espiritual que le da sentido real a tu vida. Esa será tu vida sin el ego. Vivirás desde el Darma.

El Darma es ese sentido que todo ser tiene en la vida. Un pez tiene un Darma, un árbol también. Es tu función en el mundo. El Darma aparecerá un día, sentirás una especie de llamada interior y estarás conectado con él.

¿Cómo encontrarás el Darma? En realidad, el Darma no es algo que vayas a encontrar, porque siempre ha estado en ti. Es tu propósito divino, ese propósito con el que fuiste creado. Solo que no lo sentías porque el ego te lo ocultaba. Cuando llegues a ese estado y te conectes con tu Darma, todo será perfecto. Y si eres perfecto, estás completo. No necesitas personas ni cosas para completarte.

 

El cambio es posible

Estamos hablando de un cambio que te aleje del ego y de todos sus apegos y te conduzca a un estadio superior de la vida. En este estadio dejarás de pensar en cuánto dinero ganarás y en qué más querrás comprar. Ya no te interesará correr tras el coche más moderno ni tras el ascenso especial. Vivirás una transición desde la ambición hacia el sentido.

Ese es el cambio. Sentirás que llegó el momento cuando te encuentres en un lugar en la vida en que te sentirás guiado por algo que es superior a ti, que es mucho mayor que tú. Y ya no te importará lo que opinen los demás o espere el exterior. Ese impulso interior será muy fuerte, porque es la voz de la Fuente, del espíritu, de Dios. Cuando experimentes por primera vez esa vivencia, atiéndela. Armoniza con ella y persiste en tus motivaciones. Si insistes y permites que ocurra, la frase “el sentido de la vida” empezará a fortalecerse y estarás avanzando.

El salto cuántico es el instante preciso en que el cambio se inicia. El cambio, ese pasaje desde la ambición hacia el sentido, desde el amanecer (en el que domina el ego) hasta el atardecer (en el que vives desde la espiritualidad) está anunciado por el salto cuántico. Quizás te resulte extraña y compleja esta expresión, porque suena a algo muy científico. En realidad es pura vivencia. Y las vivencias… se viven. El salto cuántico designa ese momento increíble de una experiencia cumbre después de la cual, comenzarás a ser realmente tú.

La primera característica del salto cuántico es su intensidad. Es una experiencia muy intensa, que te conmueve, que detiene el tiempo en un momento que jamás olvidarás. La segunda característica, es que llega por sorpresa. No puedes predecirlo, simplemente ocurre cuando menos lo esperas. La tercera característica es que es bueno, te hace bien. Y la última característica es que es perdurable, permanece para siempre, jamás desaparece.

Cuando lo experimentes, percibirás que hay algo a tu alrededor que llama especialmente tu atención. Quizás aromas o aires diferentes… Y recordarás exactamente el momento en que ocurrió. Es ahí donde el salto cuántico marcará tu vida, porque a partir de él volverás a ser tú, te reconectarás con tu origen. Será un momento casi de éxtasis en el que tu espíritu se abrirá y una fuerza increíble, tu propia fuerza, la fuerza de la Fuente, aflorará en ti.

Te estarás preguntando si experimentar el salto cuántico es cuestión de suerte. No, no lo es. Nada tiene que ver con la suerte. Simplemente te ocurre en el momento en que debe ocurrir, cuando estés en una etapa diferente de la vida. Hay personas que experimentan el salto cuántico después de algún mal momento, cuando se sienten más infelices. Entonces, en esos momentos en que creían que ya nada podría ir peor, que la vida ya no tenía ningún sentido, pues simplemente ahí ocurrió. Los malos momentos a veces son necesarios para poder tomar impulso hacia un lugar superior.

¿Tienes que sentarte a llorar y esperar que el salto cuántico ocurra? No, no, nada de eso. No tiene que ver con esperar. Al contrario, es necesario actuar o, mejor, dejar de actuar. ¿Qué harás? Debes empezar a ser flexible, a dejar de intentar controlarlo todo, a permitir que la fuerza de la fuente te lleve. Tienes que permitir que la Fuente que siempre está a tu alrededor y dentro de ti realice su magia. Déjala manifestarse. Ya no interfieras en tu vida. Siente que todo lo que necesitas está en ti. Eres un ser perfecto y completo. Entonces, experimentarás el salto cuántico. El ego será parte del pasado y comenzarás a vivir las sincronías con tu destino.

¿Qué son las sincronías? Las sincronías son colaboraciones con el destino. Vivir sincronías implica no interferir con él sino dejar que ocurra. Cuando las percibas, entenderás que existe una inteligencia organizadora que está en todas las cosas, que es parte de tu equipo, de ese equipo que trabaja por y para ti. Las sincronías aparecen cuando estás conectado a la Fuente.

Esa inteligencia divina te ayudará a ser quien realmente estás destinado a ser. Y conectado con ella, superarás dificultades. Ya no habrá lucha, porque la Fuente te impulsa y te ayuda.

 

¿En qué cambiarás después del salto cuántico?

El cambio se manifestará, fundamentalmente, en la forma en que valoras la vida y lo que en ella acontece. La espiritualidad sustituirá a la ambición de posesiones, la paz personal a la búsqueda sin fin del éxito, la familia será más importante que tu propio placer. Ya no intentarás encajar y ser como el resto, sino que surgirá en ti una fuerte voluntad de independencia. Y dejarás de trabajar para ser perfecto, y empezarás a mostrarte tal como eres, porque ya eres perfecto así, como has sido creado.

Todo es posible en el mundo. Las casualidades no existen. Una inteligencia superior crea y sostiene todas las cosas. El punto es que debes dejar de concentrarte en ti mismo y en todo eso que ambicionas poseer para mirar un poco a tu alrededor. Fíjate en los demás, ayuda a los demás.

Cuando logres alejarte del ego y asumir tu espiritualidad, habrás superado ese estado que te hace sentir que tienes derecho a todo. Habrás logrado, en cambio, un estado de humildad. Te habrás dado cuenta de que no tienes derecho a nada, que es el ego quien te ha hecho creer eso. Provienes de la divinidad, y la divinidad es generosa, da, siempre da. Por tanto, si tú eres parte de ella, y lo eres, dejarás de planear conseguir cosas para sentir la necesidad de dar a los demás. Y cuando no estás pendiente de ti sino de dar a los demás, el universo colabora contigo, y te responderá dándote cosas también.

Para abrir las puertas de tu vida, aléjate de lo que te dice el ego y vive desde el espíritu, tu lugar divino. Lao Tsé, el sabio maestro chino, consideraba que la vida en la espiritualidad encierra cuatro virtudes. Una es el respeto hacia cualquier tipo de vida. La segunda es la sinceridad. La tercera es la bondad y la dulzura. Y la cuarta es dar apoyo y ser servicial para con los otros. Alcanzarás esas virtudes y serás feliz para siempre.

Si quieres descubrir cuál es el objetivo de tu vida, comienza a ayudar a otros. Si logras concentrarte en contribuir a que la vida de otra persona sea mejor, estarás pensando como Dios, porque así piensa él. Tocar la vida de otros es mucho más valioso que tocar cualquier suma de dinero, te lo aseguro. No importa a qué te dediques. No importa si eres pescador, obrero, ama de casa, abogado, maestro o gerente de una importante empresa. Lo importante es que te concentres en ayudar a otros. Y puedes hacerlo desde ese lugar en el que trabajas. Puedes, por ejemplo, dirigir un negocio concentrándote en los servicios que brindas y en el bienestar de aquellos con los que trabajas. Pregúntate siempre cómo puedo ayudar, cómo puedo ser amable, cómo puedo servir a otros. Si piensas así, empezarás a vivir las virtudes de la vida espiritual. El cambio estará llegando y entonces, estarás en sintonía con esa energía que se ocupa de todo y, por tanto, también se ocupa de ti.

No tienes que esperar más. Integrar estos pensamientos a tu mundo y a tu vida. El salto cuántico ocurrirá cuando menos lo esperes. Y entonces, tu vida cambiará y serás pleno y más feliz.

Permite que la magia ocurra.

 

Fuente: Película “El cambio”

2 comentarios en “La fuente de la vida está en ti”
  1. Anónimo

    Creo q comenzaré a vivir asi.. parece ser muy bueno!

  2. Lola

    Dar sin esperar recibir nada a cambio, eso nos define como persona. Que la magia comience!! Namaste

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.