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La Grandeza de las Pequeñas Cosas

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El padre y su hijo de 7 años de edad estaban en casa y de repente empezaron a sentir hambre. Vieron el reloj y se dieron cuenta que justamente llegaba la hora acostumbrada de almorzar. Pero esta vez era diferente a las demás, pues el padre no contaba con dinero para comprar algo de comer. Así que fue a revisar en la cocina, abrió la nevera y al ver unos cuantos alimentos que había se quejó de inmediato: “¡Rayos, qué vida tan miserable, apenas hay esto!”. Mientras tanto, su hijo curioso fue a ver lo que había e inmediatamente lleno de emoción le dijo a su padre: “Ay papá, qué tal si jugamos a que yo era el chef y que tú venías donde mí a comprar… y comemos esta delicia, yo quiero combinar estos sabores y echarle esto de acá…”

Podemos encontrar miles de ejemplos que nos recuerden la grandeza de las pequeñas cosas, la actitud de agradecer y la belleza que se encuentra en todo acto o gesto dirigido a apreciar los detalles de la vida con los que podemos disfrutar el aquí y el ahora.

Se trata pues, de una actitud que se puede cultivar desde el momento en que así lo elegimos. Consiste en empezar a dejar a un lado todo aire de superioridad relacionado con el orgullo ególatra y la arrogancia para ir asumiendo por el contrario, una actitud de sencillez, un comportamiento basado en la naturalidad, en el respeto hacia el entorno, en el hecho de no menospreciar a nada ni a nadie y en la valoración hacia las “pequeñas cosas” de la vida.

¿Cuántas veces renegamos por aquello que nos falta y no caemos en cuenta de lo que tenemos?, ¿cuántas personas en “peores” condiciones que nosotros (término relativo según la percepción de cada quien) y dispuestas a seguir adelante con valentía, entusiasmo y positivismo?

¿Eres de los que se maravilla con el sol naciendo o poniéndose, el viento acariciar tus mejillas, el agua refrescar tu cuerpo, la comparsa de las hormigas en su laboriosidad, el aroma de las flores y el canto de las aves? Si es así, no sólo has entendido bien el mensaje, sino que lo has interiorizado haciéndolo parte de tu vida… y así, tarde o temprano te llegan más y más situaciones cargadas de gratas sorpresas, pues ten presente que todo lo que das o emites en pensamiento, palabra, obra o acción regresa a ti multiplicado. Tú cosechas lo que siembras, es así de sencillo.

Observa todo lo que tengas frente a tu mirada que contenga vida, desde lo más grande hasta lo más minúsculo y quédate allí un tiempo. Observa con detenimiento, ¿cómo lo percibes?, ¿qué sientes?, ¿qué emoción te evoca?, ¿qué significado tiene para ti?, ¿qué importancia crees que tiene ese algo dentro de su propio género, tipología, dimensión o grupo? ¡Déjate sorprender!, por ejemplo, ¿cómo es posible que algo tan pequeño en tamaño como una hormiga, tenga vida, que además trabaje tanto, ah, y que lo haga de forma organizada y en equipo? Esto es extraordinario y totalmente digno de admiración.

Si aclamamos con devoción la llegada de un cantante y en concierto desatamos tanta euforia, ¿por qué no hacerlo ante esos pequeñísimos y al mismo tiempo grandiosos seres de la naturaleza?

La tierra, los frutos, la fauna, la flora y todas las especies merecen nuestra reverencia porque no son “cualquier cosa”, sino que tienen un profundo sentido biológico, vienen cargadas de la energía sabia de la vida a través de tantos, pero tantos años.

Asimismo, las situaciones y los momentos pueden ser valorados cómo únicos, generadores de experiencias, cargados de lecciones por aprender, llenos de importancia para nuestro desarrollo a todo nivel.

Cada momento se compone de muchos instantes, los cuales son fracciones más cortas de tiempo, pero por supuesto, no por ello menos grandiosos y enriquecedores cuando se vive con intensidad y existe apertura de mentalidad para ver más allá de lo aparente, para descubrir lo bello detrás de lo que a simple vista puede mostrarse difícil, agobiante e incierto. Inclusive, en tan solo un segundo, una emoción fuerte tanto negativa como positiva puede grabarse en tu ser y desencadenar una serie de respuestas conscientes o inconscientes hasta años después y en cambio, un momento de varias horas o días no generar en tu interior ningún cambio en particular o ser indiferente para ti. Por eso, todo depende de la percepción que tengas, así como de la disposición que presentes para observar, apreciar, agradecer y conectarte con la sabiduría de tu corazón.

Para valorar algo o a alguien se necesita primero ver y amar la grandeza que hay en uno mismo, nunca con soberbia ni con extrema modestia que denote inseguridad, sino con el sano equilibrio de reconocer con serenidad y sensatez tanto las propias cualidades como los aspectos por mejorar y tener la convicción de que la vida tiene sentido, de que vinimos al mundo para aprender y ser felices independientemente de las circunstancias, del tiempo y del lugar donde nos encontremos.

Entonces, vive en grande, disfruta en grande, ama en grande, visualiza en grande… así nada será pequeño ni insignificante para ti y vivirás en consecuencia, con gratitud en tu corazón.

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