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Pre-Ocuparte es Desatender el Ahora

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¿Te preocupas demasiado? Ello significa que te ocupas antes de tiempo. La pre-ocupación es como vivir en el futuro, el cual es incierto y te puede presentar eventos inesperados. No todo es predecible ni mucho menos controlable y hay que aprender a vivir con dicha incertidumbre, la cual no es dañina. Al contrario, es allí precisamente donde reposa todo un mundo de posibilidades ilimitadas de cómo resolver o manejar lo que te llegue a suceder, entre las cuales tienes la oportunidad de escoger la que esté alineada o en resonancia contigo.

La preocupación es innecesaria y puede llegar a ser altamente contraproducente cuanto se encuentra en un gran nivel de intensidad que acarrea en consecuencia, ya sea por una parte, bloqueos para actuar o por otra parte, ansiedad queriendo hacer muchas cosas a la vez en medio del desespero, siendo ineficaces cualquiera de estas respuestas. Pero lo peor que puede pasar con un alto grado de preocupación es el desequilibrio en la salud tanto a nivel físico como a nivel emocional. Numerosos casos vemos a nuestro alrededor como prueba de ello y es uno de los mayores problemas que aqueja a nuestra sociedad. Todo lo anterior es fruto de una desconexión con nuestro ser interior.

El ego te lleva a hacer y a tener más que a ser, te lleva a una lucha por conseguir, por obtener, por ser reconocido, por tener poder, por una supuesta seguridad económica, etc. En cambio, el ser, “la voz del espíritu” se enfoca en sentir, en vivir, en amar y en aprender. El ego desconfía, se pone máscaras porque tiene miedo y se preocupa, por el contrario, el ser tiene fe y vive en la paz. Por ende, para que pases de la preocupación a la paz implica que trabajes en el fortalecimiento de tu ser interior, requiere además, que concentres toda tu energía en el momento presente: El ahora y no en el pasado o en el futuro. Recuerda que únicamente puedes actuar en el presente.

Preocuparte de forma desmedida es abonarle miedo desde ya a tus próximos momentos, es predisponerte a percibir a través de un lente oscuro lo que vendrá, es anticiparte negativamente a algo que aún no ha llegado, pero así paradójicamente y sin darte cuenta estás estimulando que llegue lo temido. La preocupación por sí misma no resuelve nada. Lo que resuelve es ir afrontando las situaciones a medida que estas vayan llegando y con la confianza de que puedes superar los obstáculos.

Se trata de hacer todo en el momento oportuno, no antes ni después de tiempo, no desperdiciando tus valiosas energías sin necesidad, no buscando apagar un fuego que ni siquiera se ha encendido.

Así que la próxima vez que te sorprendas preocupándote en exceso, toma el control y desacelera la velocidad a la que vayan tus pensamientos. Prepara tu bebida favorita, acomódate en una hamaca, pon un poco de música relajante o sal a caminar a un parque, observa la naturaleza y concéntrate en lo que estás sintiendo en ese preciso instante. Todo pensamiento que llegue, suavemente déjalo pasar, pues tampoco se trata de que a la fuerza lo elimines, ya que así más resistente se hará. Solo lo observas y dejas que se vaya no dándole tanta importancia. Los pensamientos generalmente te están hablando de un pasado o de un presunto futuro, por eso, hay que saberlos manejar en su justa medida y aprovecharlos de manera positiva: ya sea extrayendo lo que aprendiste en el ayer o visualizando el logro de tus ideales cada vez más a medida que transcurre el tiempo (futuro inmediato). Pero aparte de esto, no te desgastes más con ideas que van y vienen teñidas de miedo, recreadas con imágenes mentales catastróficas.

Aprende a divisar las situaciones como si fueras una tercera persona para evitar engancharte con aquello que de forma negativa trata de consumir tus energías. Tú decides qué tanto permites que algo ronde en tu mente día y noche. Cuando una idea da vueltas y vueltas en el pensamiento sin parar, indica que hay una dificultad para ponerse en marcha con las acciones respectivas. Es necesario bien sea aceptar que por el momento no puedes hacer algo para resolver como quisieras una situación ó ponerte firme con acciones concretas, pero no quedarte en mitad de una cuerda floja de la indecisión y del victimismo, más aún cuando es con relación a un futuro que aún no ha llegado. Espera que acontezca ese momento y ya verás que vas a hacer, pero por lo pronto procura fortalecer tu ser interior y ya verás cómo todo comienza a cobrar sentido y cómo tu ser se va volviendo experto para superar las dificultades y para ser resiliente.

Cabe decir, que la preocupación sirve al menos un poco al principio porque nos da una señal o alarma frente a algo importante para nosotros que está corriendo riesgo de forma inusual, pero de allí a mantener cargando la preocupación es mucha la diferencia y necesitas caer en cuenta de ello. Pon mucho cuidado también con las palabras inoficiosas y destructivas que pueden llevarte a niveles extremos de preocupación. Pero puedes hacerlo a la inversa: acostumbrar a tener palabras positivas y percibir de forma optimista para que experimentes tranquilidad. En cuanto a esto hay un chiste (con trasfondo verídico) que trata de lo siguiente:

Un paciente fue a visitar a su médico y este último le dijo que él tenía una enfermedad “terminal”. Pasados varios meses, el paciente volvió donde el médico, quien se asombró porque lo veía muy bien de salud y le pregunta: ¿Oye cómo hiciste? Te ves muy bien. Entonces, el paciente le responde: Doctor, es que como usted me dijo que mi enfermedad era terminal, es decir, que estaba terminando o finalizando, entonces yo me puse muy contento y mire que tenía toda la razón: ¡Ya se me terminó!

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