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¿Qué pasaría si aceptaras tu vida como es?

¿Cómo te has sentido en estos días? Seguramente, has tenido algunos momentos de tensiones, de  conflictos que ni siquiera entiendes por qué han surgido. Quizás también hayas vivido algunos tiempos de alegría, de paz, de serenidad. Así nos mueve la vida, en realidad. En realidad, así nos movemos en la vida.

No es la vida la que nos inventa los conflictos y los problemas. Somos nosotros los que los creamos. Sí, aunque te resulte increíble, nosotros creamos esas tensiones que nos hacen sentir mal, preocupados, estresados, hartos de todo.

Te estarás preguntando por qué digo esto. Tú no crees estar haciendo nada que te provoque infelicidad y preocupaciones. No molestas a nadie, cuidas de tu familia, cumples con tu trabajo, atiendes todo lo que tienes que atender. ¿Por qué, entonces, no vives completamente feliz?

Pues debes saber que aunque no lo hagas conscientemente, sí eres el responsable de tu infelicidad. Nadie más que tú tiene la culpa, esa culpa que trasladas al exterior. Deja de creer que la culpa siempre la tiene otro: otras personas, circunstancias que vives, situaciones especiales. No es así. Eres el responsable de tu vida.

 

Lo interno y lo externo: juntos pero no mezclados

El mundo gira a su manera y no pide permiso para hacerlo. Lo que ocurre,  simplemente ocurre. Sin tu aprobación, sin la mía, sin la de nadie. Ese mundo es externo a ti, no eres tú. Es el mundo en el que vives, sí, pero solo eso. Si te resistes a él, generas conflictos.

Si en medio de una tempestad, de una discusión violenta, de una enfermedad dices “No quiero estar donde estoy”, te estás oponiendo internamente a lo que es, a lo que existe. Y esta oposición te resulta muy dolorosa, pues te somete a un estado interno de guerra. Es tu interior en lucha contra el exterior. Una lucha fútil, vana, inútil. Un conflicto que no te conduce a nada y que te impide vivir en paz y feliz.

Y allí está tu ego, intentando doblegarte, presionándote para que tengas el “no” en los labios, pronto para salir. Un “no” con el que manifiestas tu resistencia a ese mundo exterior y que te opone a él. Una resistencia que te mantiene constantemente enfrentado a otras personas, a circunstancias, a situaciones.

Periódicamente vives momentos en los que te sientes incómodo, molesto. Situaciones de las que desesperadamente quieres salir. Quizás, puedas alejarte de algunas de esas situaciones. Pero habrá muchas ocasiones en las que no tendrás la opción de irte. Estarás allí, y esa será tu realidad. Siempre estás en un lugar. Es necesario que lo asumas y que lo aceptes. No se trata de que quieras o no quieras, se trata de que es así.

 

La aceptación es cuestión de hábitos

Nada hay en tu naturaleza que te condicione a esa negatividad, a ese enfrentamiento al mundo exterior. Allí actúa tu ego, y tu ego no nació contigo, sino que se formó y creció a medida que creciste, que te educaste, que adquiriste creencias y hábitos. Si te acostumbras a la aceptación, al “si”, tu ego se debilita. Es por eso que te impulsa a oponerte. Es para fortalecerse que tu ego te genera el hábito de una relación de disgusto ante la vida. Y es por eso que te impone el “no”: “no me gusta”, “no quiero estar aquí”, “no debería sucederme”…

Puedes romper ese hábito, debes romperlo. Regresa a ti mismo, a tu interior y deja que el mundo transcurra. Acepta cada momento como es.

Ya es tiempo de que abandones el hábito de generar conflictos con tus circunstancias, con lo que ocurre en el mundo en el que vives.

Comprende que no necesitas etiquetar cada percepción, cada experiencia. No tienes que juzgarlas. Simplemente tienes que vivirlas.

 

Vive cada momento en plenitud

El reconocimiento de que la realidad llega cuando tiene que llegar, que cada momento ocurre cuando tiene que ocurrir, hará que vivas con intensidad. Si aceptas cada momento que forma la realidad, si le dices “sí, te acepto”, serás total y pleno en lo que haces. Y esta actitud es la que determina el éxito y la felicidad en la vida. Al decir “sí” a la vida tal como es permites que la paz inunde tu interior.

El decir ”sí” a la realidad es manifestación de tu profundidad. Ya no dependes de las condiciones externas ni de los pensamientos tan cambiantes.

Ya no necesitas que una situación o persona te haga feliz, porque la felicidad está en ti.

En esa profundidad de tu ser estarás en paz.

 

Rendirse es liberarse

Esta actitud de aceptación de la realidad lleva a la rendición. Rendirse no es darse por vencido. Todo lo contrario. Rendirse a un momento es liberarse, es permitir que ese momento sea como realmente es. Es evitar que ese momento se transforme en la historia que te has creado a partir de él. Esa rendición que viene de la aceptación se logra cuando dejas de preguntar “¿Por qué me ha ocurrido esto a mí?” frente a cada acontecimiento que no te gusta. Acepta y ríndete. Si sientes negación en ti, niegas tu vida, niegas tu felicidad.

No necesitas entender todo ni investigar cada hecho, cada momento, cada acontecimiento para aceptarlo. Hay situaciones en la vida para las que no existen explicaciones satisfactorias. Frente a enfermedades, grandes pérdidas, muerte, no habrá respuestas ni explicaciones válidas. No las busques. Solo acepta esos sucesos como parte de la realidad, sin juzgarlos, sin intentar entenderlos. El desconocimiento es parte de la aceptación. Rendirse supone también renunciar a tratar de comprenderlo todo, de formular hipótesis acerca de todo y sentirse bien y cómodo en ese desconocimiento.

No hace falta que te esfuerces. El esfuerzo unido a la no aceptación provoca estrés, tensión, pues lo haces para lograr una meta futura, un resultado que vendrá. Dedícate a la acción sin pensar en los resultados. Haz una cosa a la vez y dedícate totalmente a esa acción.

 

Un nuevo hábito en tu vida: aceptar el momento

Si estás atento a esos momentos en que niegas la realidad y peleas contra ella, será sencillo abandonar ese hábito. Y otro nuevo surgirá: el hábito de la aceptación. Si en el momento en que surge tu reacción de disgusto y de negación frente a una situación o evento logras cambiar la reacción por aceptación, el hábito estará surgiendo. Aceptarás sabiamente ese momento, y te darás cuenta de que no tienes que juzgarlo. No es bueno. No es malo. Simplemente es. Y así debes tomarlo. Tu estado interno y tu sentido de ti mismo ya no dependerán de los juicios. ¡Cuánta paz vivirás entonces!

Es cierto que seguirás experimentando emociones más o menos felices o infelices. Pero se quedarán en la superficie de tu ser. La paz profunda e íntegra estará en tu interior, y permanecerá inmutable e imperturbable pase lo que pase en el exterior.

“El milagro es que cuando dejas de exigirte lo imposible, cada situación, persona, lugar o suceso se vuelve no solo satisfactorio, sino más armonioso, más pacífico” (Echarkt Tolle, ‘El silencio habla’). Obra tú mismo el milagro.

 

Fuente: Eckhart Tolle – Libro “El silencio habla”

Escrito por Ettel Fontana

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Acerca del autor

Elías Berntsson

Tuve una infancia buena y feliz. Luego comencé el instituto, allí hubo gente que me descalificaba. Afectó a muchas áreas de mi vida hasta que no tuve ganas de vivir, un día todo cambió y lo supere. Por ello decidí crear este espacio, para compartirte esperanza y motivación. Y decirte que como yo, tú también puedes ver tu maravillosa vida a través del amor propio.

Comentarios

  • Genaro Vasquez Publicado 10 horas ago

    Aceptar la vida como es y como hacerlo, me parece brillante. Eres un trome. Gracias

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