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¡Ríndete al Amor! Ahí se encuentra la paz y felicidad

A veces la vida te sacude para que reacciones. Te saca de tus historias de siempre, de tus costumbres de siempre, de tus ideas de siempre, de esa, tu vida de siempre. Eso fue, precisamente, lo que le sucedió a José María, un gran amigo. Hoy quiero compartir esta historia contigo, que más que una historia es el relato de lo que mi amigo vivió. Quizás, te haya sucedido algo parecido a ti o a alguna persona de tu entorno. Verás que te sacudirá un poco a ti también y, quién sabe, tal vez te ayude a vivir más ligero.

José María empezó a sentirse enfermo. Cuando comía cualquier cosa, se quejaba de un fuerte dolor en el estómago. Luego venían los vómitos y el malestar continuaba. Al principio pensó que eran algunos excesos a los que acostumbraba. Siempre fue un hombre de buen comer. Le gustaba la comida chatarra. Las hamburguesas y las patatas fritas eran su debilidad. También le encantaban los postres. Atribuyendo su malestar a esa dieta que según todos lo perjudicaba, decidió abandonar por unos días esos placeres. Y así lo hizo.

Sin embargo, sus problemas continuaron. Comenzó una dieta de las que se consideran saludables, con muchos vegetales y alimentos naturales. Pero los dolores continuaron. Así que, sin saber qué más hacer y cediendo a la presión de su familia, decidió consultar al médico. El día antes de la cita en la clínica, José María me llamó tarde en la noche. Lo noté muy nervioso. Charlamos un largo rato y me di cuenta de que su mente lo estaba torturando. Tantos y tantos pensamientos negativos lo abrumaban que se había metido en una especie de burbuja de negatividades, de miedo, de dolores. En esos pocos días se había obsesionado con la idea de que todos esos síntomas eran los de una enfermedad terminal. No me mencionó la palabra ‘cáncer’, pero todo me hizo pensar que esa idea no lo dejaba en paz. Tenía miedo a sufrir, y se preocupaba por el dolor que le ocasionaría a su familia. Y especialmente tenía mucho miedo a qué pasaría después de la muerte, quién cuidaría a todos, con qué dinero vivirían. Su mente lo hacía pensar en una muerte dolorosa y cruel, para él y para todos los que amaba.

Fue a la consulta con el médico. Él estaba muy nervioso. El doctor lo escuchó con atención y le hizo unas preguntas que se referían a sus dolores y a las reacciones de su organismo. Luego le explicó que le recetaría una ecografía de estómago y vesícula y varios análisis. De acuerdo con la información de estos estudios vería cómo seguir.

El proceso entre la primera y la segunda visita duró tres días, en los cuales le realizaron los procedimientos indicados por el médico. Fueron tres días en los que mi amigo se volvió una fábrica de pensamientos negativos. La burbuja pesimista lo mantenía atrapado y se creaba interminables historias acerca de un futuro de sufrimiento y de dolor para él y sus familiares. Solo hablaba de preocupaciones, de miedos y de que se iba a morir.

Entonces, algo ocurrió. El día de la ecografía, cuando le contaba todos sus males y sus historias de futuro sufrido y oscuro a la enfermera que preparaba todo para el procedimiento, la mujer lo sorprendió cuando dijo: ¿Qué es lo peor que te puede pasar?  Que ya te toque irte de este mundo. ¿Y cuál es el problema? Estarás cumpliendo el plan que la vida tiene para ti. Deja de torturarte pensando en un futuro que no existe y concéntrate en el presente. Estás aquí, en una camilla, me tienes a mí que preparo todo para la ecografía. Hay personas preocupadas por ti esperando afuera. Esa es la única verdad. Acéptala. Nada hay en tu realidad más que eso. Todo lo demás que me cuentas es una historia de tu mente.

José María no supo qué decir. Esas palabras iluminaron sus creencias y corrieron el velo que ocultaba su verdadera vida. No respondió. Pero las palabras de la enfermera quedaron grabadas en él. Y entendió cuál había sido el gran error en su vida.

Hubo un antes y un después en la vida de mi amigo después de las palabras de la enfermera. Te invito a que reflexionemos juntos acerca de ese cambio.

¿Qué pasaba antes? Frente a su trastorno digestivo, la mente de José María comenzó a hacer lo que solía hacer: fabricar historias. Empezó a mandarle pensamientos centrados en ese ‘yo’ que él creía ser. Un ‘yo’ condicionado por todas esas creencias con las que había vivido siempre, que había adquirido desde su infancia, y que, con la mejor intención pero con los peores resultados, le habían sido inculcadas durante su niñez, su adolescencia, su juventud. Cuando se sintió mal, su mente, la gran tejedora de historias, lo llevó a pensar en la posibilidad de un diagnóstico terminal. A la mente le encanta estar allí. Y comenzaron a aparecer las etiquetas: enfermedad terminal, cáncer, sufrimiento, muerte, dolor para los demás. Etiquetas que armaron un futuro que no era más que una historia creada por él, pero que no existía en la realidad.

Las palabras de la enfermera lo trajeron a la realidad. Le marcaron el sentido de la ‘presencia’, lo hicieron estar presente en su verdadera realidad, no en historias inventadas. “Estás aquí, en una camilla, me tienes a mí que preparo todo para la ecografía. Hay personas preocupadas por ti esperando afuera. Esa es la única verdad.”  ¡Y eso es tan cierto que mi amigo no podía creer que no lo hubiera visto antes! La vida es presencia, la vida es experiencia presente y nada más. Todo lo que sentimos, todo lo que ocurre, sucede en ese momento y en ese espacio de presencia. Tal y como lo dijo la enfermera: ‘Nada hay en tu realidad más que esto. Todo lo demás que me cuentas es la historia de tu mente.”

Piensa en esas palabras. Y compruébalo. Recuerda algún momento de tu pasado. ¿Lo vives hoy? No. Simplemente lo ves como si vieras una película en la que hay una imagen de ti protagonista y otros varios actores moviéndose. Y tú, desde este presente que vives hoy, lo observas como un testigo, pero no estás ahora metido en esa película. Lo mismo ocurre cuando te visualizas en el futuro. Pero ni el pasado ni el futuro son presencia, porque tú no estás presente en ninguno de los dos. El pasado no es lo que vives. El futuro no es lo que vives. Solo son construcciones de tu mente que te llena de pensamientos y te distrae de tu verdadera vida, de tu verdadera existencia, de esa presencia en el presente. El presente es lo único que vives.

Y ahí está tu idea del tiempo jugando su partido. El tiempo te aprisiona porque tú lo divides en pasado, presente y futuro. Y crees que es un continuo dividido en esos tres momentos. Y así te pasas la vida haciendo planes para el futuro en base a experiencias del pasado. ¿Y lo que realmente vives? ¿Dónde queda el presente, que es la verdadera vida? La verdad, la realidad, se encuentra solamente en el presente, y es ahí donde la encuentras. Y es ahí donde vives.

 

Acepta tu experiencia y vive tu verdadera vida

Cuando empiezas a mirar la vida con la actitud de la enfermera, empiezas a darte cuenta de que no hay de qué preocuparse. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Que ya te toque irte de este mundo. ¿Y cuál es el problema? Si atiendes a lo que vives como experiencia en el presente, no hay ningún problema. Porque si piensas en las consecuencias de tu muerte, estás haciendo futurismo, estás construyendo historias irreales. ¿Qué hacer entonces? Lo que hizo José María: dejarse vivir, aceptar la realidad del presente. Hay un guion ya escrito para tu vida, y ocurre lo que tiene que ocurrir, independientemente de tus preocupaciones. ¿Cuál es el problema? No hay ningún problema. Vives tu experiencia y eso es todo. Aceptas tu presente y eso es todo. Este presente, esta experiencia, esto es tu vida, tu verdadera vida. Lo demás, el pasado y el futuro son novelas, pero las novelas no se viven. No son la vida.

¿Y cómo se vive la experiencia presente? Sencillamente, dejándola que ocurra. La experiencia presente se vive con presencia no con preocupación. La preocupación está en el futuro, y el futuro no es la vida. Cuando pasas por momentos temerosos, lo que ocurre es que tu mente te está llenando de etiquetas, por eso los vives como temerosos, por eso los momentos te dan miedo. Las experiencias no son buenas ni son malas. Simplemente son experiencias. Lo de ‘bueno’ o ‘malo’ lo ha construido tu mente, pero no son realidades.

Aplica este principio a todos los ámbitos de tu vida. A tus relaciones familiares, a tus vínculos con tu pareja, a los temas de dinero, a tu trabajo, a tu salud. Esta es la actitud con la que tienes que asumir tu vida. No debes hacer nada especial para vivirla, simplemente debes aceptarla. Ahora mismo vives una experiencia. Entrégate a ella, déjate fluir en ella. No hagas caso a los pensamientos que tu mente te envía, permíteles pasar y desaparecer.

El escenario en el que vives es uno y único. Lo que cambian son las experiencias. Siempre eres el mismo que vive diferentes momentos, que está presente en experiencias.  La experiencia puede tomar muchas formas, pero al final de cuentas, solo es eso, una experiencia.

¿Y qué pasa con el dolor que siento? te estarás preguntando. Pues no pasa nada. No te resistas a él, asúmelo como la experiencia que es tu vida. Cuando desaparece la resistencia y la preocupación, el dolor se va o se debilita. Puede que permanezca como parte de tu presencia en la experiencia, pero deja de ser un problema y una preocupación. El verdadero dolor que lleva al sufrimiento es querer huir del dolor. Vívelo tal y como es, libre de preocupaciones, libre de historias. El dolor no es parte de ti, es parte de tu experiencia. Piensa en mi amigo José María y en sus vivencias. Cuando él creaba historias a partir de su malestar, percibía todo el dolor en él, en ese ‘yo’ que es José María. Y eso lo hacía sufrir. Pero entendió que el dolor es experiencia, no es José María.  Aquí está el secreto.

El presente, la experiencia es lo que hay y es lo que es. Le puedes llamar dolor, le puedes llamar placer, le puedes llamar preocupación, le puedes llamar culpa. Pero, en realidad, lo que hay es experiencia presente.

Cuando aceptas la realidad del presente y de la experiencia, aceptas la voluntad de la Fuente, de Dios, del Universo, del Ser o de como quieras llamar a esa fuerza que encendió la luz de la creación. “Que sea su voluntad” es el único pensamiento posible. Porque cuando te rindes a la aceptación de lo que es, te estás sintiendo parte de ese plan supremo. Simplemente eres parte de un universo que está teniendo lugar, y en el que eres mucho más que ese cuerpo que dices que te duele. Eres parte de esa esencia, de ese Amor, de ese Universo que se encarga de tu bienestar. Nada escapa a esa Fuerza, vela por ti. Solo tienes que sentirte integrado a ella y despojarte de ese ‘yo’ limitado y vanidoso que te hace pensar que puedes armar tu vida a tu gusto. En el momento en que reconoces esta realidad, las cosas se acomodan y los recursos llegan. ¿Qué son esos recursos? Pues son las diferentes formas en que ese Universo del que eres parte te atiende.

Ríndete al Amor, a ese amor de la Fuente, de Dios, del Universo. Esa es la vida real, una vida simple y feliz en la que vives la paz.

Escrito por Ettel Fontana
Fuente: Nick Arandes

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Acerca del autor

Elías Berntsson

Tuve una infancia buena y feliz. Luego comencé el instituto, allí hubo gente que me descalificaba. Afectó a muchas áreas de mi vida hasta que no tuve ganas de vivir, un día todo cambió y lo supere. Por ello decidí crear este espacio, para compartirte esperanza y motivación. Y decirte que como yo, tú también puedes ver tu maravillosa vida a través del amor propio.

Comentarios

  • Dahiana Publicado 7 horas ago

    Muchas gracias

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    • Elías Berntsson Publicado 3 horas ago

      Un abrazo Dahiana. Eres luz.

      Reply
  • Sandra Publicado 7 horas ago

    Muchas gracias por compartir,gracias por tus palabras de aliento.me ha costado mucho estar en paz conmigo.

    Reply

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