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Te Amo… Pero “No lo Demuestro”

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“Te quiero a mi manera”, “esa es mi forma de amar”, “te quiero, sino que casi no lo demuestro”, “¿para qué me preguntas si te quiero? Eso ya deberías saberlo…” Estas y muchas frases más por el estilo, emplean por lo general las personas que dentro de sus comportamientos por algún motivo existe una inhibición en la expresión del amor.

Ya sea que esto obedezca a patrones de conducta aprendidos o a situaciones particulares experimentadas o a un orgullo con soberbia o a un simple y llano desinterés e indiferencia, lo cierto es que poco favorece al desarrollo de las relaciones interpersonales, especialmente poco aporta en las relaciones íntimas o más cercanas e incluso pueden entorpecerlas.

No se trata de pasarse la vida justificándose y resignándose como: “Lo que pasa es que así me educaron y así me quedé” ó “así soy yo y ya no cambio, qué le vamos a hacer”. Aunque no se puede desconocer que la forma como a alguien le hayan demostrado amor o no desde sus primeros años influye en la manera como actualmente exprese o no amor a los demás, no resulta nada constructivo para el desarrollo personal ni para el bienestar si el amor que le tienes a alguien no te lo permites manifestar abierta y espontáneamente. Hay muchas maneras de hacerlo y necesitas ser lo más natural posible sintiéndote cómodo, en lugar de sentirte obligado a que tiene que ser solo de una manera en particular. Acciones como, por ejemplo, escribir una carta, dar un abrazo, decir una palabra con afecto, consentir, acariciar, sonreír y mirar con dulzura, etc., son algunas de las maneras con las que puedes transmitir el amor, para que la otra persona lo “sienta” y no solamente tenga que en su mente “dar por el hecho” que seguramente ha de ser amada por ti.

Ahora bien, invirtamos los papeles. Digamos que tú sí eres quien expresa más el amor en una relación, pero es el otro quien poco o casi nunca lo hace. También, aplica esto mismo porque el éxito de toda relación depende de ambos miembros, es decir que se requiere reciprocidad. Por supuesto, no puedes obligar a nadie a que te demuestre abiertamente el amor que siente por ti, ni mucho menos puedes imponerle la manera en que ha de hacerlo, pero sí en un momento oportuno y en un clima de serenidad le puedes decir que te gustaría que te expresara un poco más sus sentimientos, pues para ti es muy importante sentirte amado(a) en cualquier época del año e independientemente de las circunstancias. Mientras tanto, deberás dar la pauta de tu parte, demostrándole tu amor, al fin y al cabo nadie puede solicitar de lo que no puede ofrecer.

Está claro que el amor no se obliga, pero si hay una relación y por voluntad y de manera libre se ha asumido un compromiso de unión se requiere de un vínculo afectivo importante que los mantenga pese a las dificultades que puedan aparecer en el camino de sus vidas. Muchos dicen amar, pero otra cosa es preguntarse a sí mismo: ¿Doy amor de calidad?, ¿doy amor en abundancia?, ¿doy amor basándome en mi propio amor?, ¿debo aprender a amarme más y a saber demostrármelo para poder ofrecerlo más fácilmente al otro?, ¿el amor que manifiesto es sincero basado en mi esencia espiritual ó se ha distorsionado por mi ego?, ¿qué parece estarme impidiendo hoy en día demostrar mi amor abiertamente?, ¿cómo lo puedo mejorar?

Recuerda esto: Siempre que se quiera y que se ponga en marcha una profunda intención se puede mejorar en esto o en cualquier otro aspecto de nosotros mismos y esto no va en contravía de la auto-aceptación. Uno se puede aceptar y querer sin condiciones, pero al mismo tiempo buscar aquellos aspectos en los cuales seguir fortaleciéndose. Precisamente de esto se trata la vida: de aprender, crecer y seguir extrayendo lecciones. Eso no nos hace más o menos dignos de amor, sino más o menos asertivos, en consecuencia, con facilidades más o menos de atraer la alegría y la armonía a nuestra existencia a través de nuestras relaciones.

Una persona no solo es abundante de acuerdo a la cantidad de dinero o de recursos materiales que tenga, sino a la cantidad de amor con el que disponga para brindar. También, más allá de la cantidad, como se mencionó antes, vale enfocarnos en la calidad del amor. Así encontramos que unos quieren más desde su inmadurez, otros desde su sabiduría, otros desde su negatividad y otros desde su confianza en la vida. Por lo tanto, nada mejor que seguir creciendo interiormente, seguir brindándonos un amor más “completo”, más sano, incondicional, maduro y profundo, un amor que no se inhibe en mostrarse tal como es, un amor coherente con las palabras y las acciones que se hacen en el día a día, un complacer receptivo y comprensivo a las propias necesidades, un elogio a sí mismo, un regalo, un perdón y mucho más.

Al contar con ese tipo de expresión de amor hacia nuestro ser, lo irradiaremos hacia nuestros seres queridos y se nos hará más natural brindarlo. Querer al otro no implica atrofiar el amor a uno mismo y viceversa. Expresarlo, manifestarlo o demostrarlo es signo de generosidad de la cual se alimenta la abundancia. En una instancia mayor y más elevada, los resultados positivos de dar amor al otro y de dárselo a uno mismo terminan siendo los m-i-s-m-o-s.

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