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Una Vida Agitada es una Vida Poco Disfrutada

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¿Demasiadas ocupaciones?, ¿corres y corres sin parar?, ¿vives de forma acelerada?, ¿sientes que las horas no te alcanzan?, ¿haces y haces, pero luego sientes que no ha sido suficiente?… Si es así, entonces primero que todo, haz una pausa y respira muy profundo, pues todo tu ser te lo agradecerá.

Luego, comienza a revisar en qué aspectos dedicas la mayor parte del tiempo. Con alta probabilidad te vas a encontrar con que el tiempo que destinas a descansar y a realizar alguna actividad placentera es mínimo o incluso nulo. Pero más allá de esto, la invitación es a que tomes consciencia de que verdaderamente lo que genera felicidad no es tanto lo que hagas sino lo que tú seas, por lo cual, necesitas centrarte más en tu ser que en tu hacer. Al fin y al cabo, las acciones o aquello que haces es algo pasajero, rutinario, incluso mecánico y por tanto, poco trascendental; mientras que lo que tú eres y aquello que tú buscas ser, es alimento para tu espíritu, es duradero, profundo, incita al avance y por tanto, contribuye a que tu paso por la tierra sea una experiencia mucho más significativa.

También, es importante que reconozcas que una vida agitada es una vida poco disfrutada. Es como si caminaras muy de prisa por un paisaje sin alcanzar a observar su belleza, lo que te inspira o lo que te hace sentir. No es lo mismo decir que conociste determinado lugar, a decir que viviste los momentos en aquel lugar con todos tus sentidos. Una cosa es componer un repertorio de canciones (por ejemplo porque alguien te lo solicitó) y otra muy distinta es contemplar cada una de las melodías con todo tu corazón, allí es donde está tu “ser”.

Uno de los aspectos negativos de vivir continuamente agitado es que difícilmente se consigue estar en el presente: es usual que haciendo una actividad ya estés pensando en la siguiente que “no te da espera”, entonces, tu mente está en dos momentos simultáneamente, en medio de la tensión por el tiempo y así quizás, no termines haciendo adecuadamente ni la una ni la otra tarea. Si tu principal inquietud es la productividad, el rendimiento, los resultados, más que el proceso, más que lo que vas aprendiendo en medio del camino, podrás sentir insatisfacción con frecuencia, como que nada es suficiente para llenarte y todo, por olvidarte de disfrutar del “paso a paso”. Esto se consigue, en cambio, disminuyendo la velocidad con que van tus días y más aún cuando trabajas para conseguir quién sabe qué, para satisfacer quién sabe a quién, queriendo tal vez demostrar algo que en verdad no necesitas, en un intento de sobrevivir y no de vivir plenamente.

Los días así tan acelerados pasan de largo: un día más que llega y un día más que se va. Allí sabes que vives porque no has fallecido, al menos tu cuerpo aún “funciona”, pero tu alma en lo profundo de tu ser te implora algo más, que estés dispuesto a aprender y a disfrutar de todo con lo que te encuentres. Esto se logra disminuyendo el ritmo, alcanzando un estilo de vivir más pausado, más relajado y a la vez más profundo en el que puedas incluir no solo las actividades usuales de: comer, dormir, trabajar, etc, sino las de pasear, leer, cantar, soñar, meditar, reír, consentirte y mucho más. Recuerda que no es tan importante la cantidad de años que se vivan, sino la calidad e intensidad de estos. Vale mucho más unos cuantos años aprovechados y disfrutados al máximo, que pasarse una vida interminable esclavo de las ocupaciones en las que quedas agotado y con pocos alientos de mirar más allá.

Un tiempo para cada cosa, en el momento en el que consideres más oportuno y en el que tu corazón te lo pida, esa es la clave.

Asimismo, es aconsejable que evites en lo posible, saturarte con demasiadas actividades o comprometerte en exceso con tareas que presientes no vas a cumplir a cabalidad. El estrés que se deriva de ello, por supuesto no favorece la calidad de vida y alimenta la emoción de: ¡Ya no puedo más!

No esperes hasta que el grito desesperado de sentir que ya no puedes más te haga a la fuerza mejorar tu rutina cotidiana. El alto en el camino es preferible hacerlo con calma, movidos por el amor propio, reconociendo el derecho que se tiene de sacar tiempo para uno mismo y no por el temor de: “Me tocó obligadamente por salud hacer la pausa”. Te sentirás mejor haciéndolo a voluntad o a consciencia y no como una advertencia.

Así que, de ahora en adelante que tu objetivo sea el de llenar de color cada uno de tus días con la suficiente calma y seguridad de que puedes dedicar el tiempo que desees a lo que más amas. Te corresponde a ti establecer prioridades, modificar o reemplazar actividades poco gratificantes por otras, destinar espacios y momentos para llevar a cabo lo que realmente consideres importante, concentrada y pausadamente, en lugar de superficial y aceleradamente. La comida cae mejor al organismo cuando se ingiere con calma, masticando bien y saboreando con detenimiento cada alimento, de lo contrario, o te atrancas o simplemente pasa desapercibido aquel sagrado momento para tu cuerpo. ¡Así se parece también la vida y el ritmo que le pones a tus días!

 

 

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