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Vales Mucho Más que una Calificación

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En el ámbito educativo suelen haber evaluaciones para medir el desempeño de los estudiantes en cada área o asignatura con unos correspondientes criterios de evaluación y unos rangos de puntaje que indican si se “perdió” o si se “ganó” el tema en cuestión y qué tanto. Igualmente, en el ámbito laboral pueden realizarse evaluaciones del desempeño a los trabajadores para conocer cómo es su rendimiento, cuáles son las principales fortalezas y debilidades para establecer planes de mejoramiento con fines de optimizar el recurso humano de la empresa.

Así que, las evaluaciones son muy útiles y una importante herramienta para conocer en dónde se está y adónde se quiere llegar de una manera cuantificable. Entonces, el problema no son las evaluaciones como tal, sino que tú te menosprecies por obtener una baja calificación, el problema no es que evalúen tus desempeños y conocimientos, el problema es que sientas que te están valorando a ti como ser humano.

Además, hay que tener en cuenta que aunque son muy útiles los instrumentos de medida, llámense evaluaciones, exámenes, tests o de cualquier otro modo, estos pueden y deben mejorarse buscando la mayor objetividad posible, considerando márgenes de error por variables extrañas que pueden influir en determinados resultados y que no tienen que ver precisamente con el desempeño del estudiante o trabajador.

También, los instrumentos de medida requieren ser cada vez más completos, abarcando además de lo relacionado con el conocimiento, la puesta en práctica de este, la capacidad para resolver situaciones cotidianas en relación a determinado tema, la actitud que se tiene frente al nuevo aprendizaje, etc. Como estos últimos aspectos no siempre resultan fáciles de medir con precisión, es por ello que encontramos en toda evaluación en general su limitante, siendo así un error tomarla como una herramienta que arroja resultados determinantes y exactos, pues no lo es, además de las particularidades que se dan en cada caso y en cada persona que es un mundo distinto al de los demás.

Una persona con una autoestima firme y sólida no se deja abrumar por lo que un test suponga de él o ella. Tendrá en cuenta y revisará, eso sí, en qué aspectos en particular quizás se equivocó para ver cómo puede mejorarlos, pero no se queda anclado a una nota, al fin y al cabo sabe que su valoración personal va mucho más allá de eso.  

Algo similar sucede cuando alguien hace un comentario sobre ti acerca de qué tan mal o bien haces algo, de si acertaste o erraste, de si eres bueno o no para algo: Si tu autoestima es débil cualquier cosa que juzguen en ti (con razones o no) será motivo para desanimarte, avergonzarte y seguir alimentando la percepción negativa que tienes sobre ti, así como la inseguridad y en consecuencia, la creación de más resultados indeseados. Pero aún tratándose de figuras de autoridad (jefes, maestros, gerentes, sacerdotes, etc) ellos, también se pueden equivocar, nada les quita la naturaleza humana, presente a su vez en todos nosotros. Un comentario de estas personas “de alto rango” hacia ti lo que refleja es la percepción que ellos tienen, pero la verdad es relativa, pues depende de la perspectiva de cada quien, de su nivel de consciencia, de sus criterios y conjunto de valores en los cuales basa su comportamiento.

Lo que puedes hacer primero que todo es agradecer los resultados de las evaluaciones sean cuales sean, así como los comentarios que te hagan que tengan la intención de retroalimentar tu desempeño, pero toma lo que consideres cierto, necesario y significativo para ti, mientras que lo demás lo dejas de lado. Es importante pues, que desarrolles continuamente tu habilidad de introspección y de autoanálisis para que cualquier evaluación externa sea solo una guía a tener en cuenta y no una camisa de fuerza que tenga que imponerse como dé lugar.

Disfruta del proceso de aprendizaje, despreocupándote de los resultados y paradójicamente, estos aparecerán de forma satisfactoria en tu vida. Si ganas un examen, celébralo, si lo pierdes, revisa qué pudo haber ocurrido y dáte ánimos para seguir adelante formándote o intentando hacerlo cada vez mejor. Pero, ámate siempre sin importar el resultado, ese es el amor incondicional que te da fuerzas para continuar con la certeza de que tú SÍ puedes.

Una calificación no define quién eres ni mucho menos cuánto vales, porque tú estás por encima de ese tipo de cuestiones protocolarias del entorno formativo y laborioso que exige ver pruebas y tomar medidas. En síntesis, recuerda que las evaluaciones son útiles pero no suficientes, pueden en muchos casos ser reveladoras, pero no determinantes, pueden ser importantes, pero no más importantes que las valoraciones que tú hagas a consciencia sobre tu propio desempeño.

Prepárate, fórmate, aprende y disfruta en ese camino lleno de aciertos y desaciertos. Interésate por el conocimiento, pero más por mejorar la actitud que tengas frente a este. El desarrollo integral requiere sabiduría puesta en acción.

 

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