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¿Viniste al Mundo a Tener la Razón o a Ser Feliz?

Muchos se pasan la vida justificándose, racionalizándolo todo y tratando continuamente de mostrar su “verdad” a los demás. De una u otra manera sienten que si su verdad es aceptada, cuentan con más poder y hasta quizás aumenta su propia valía. Si el otro, por algún motivo no está de acuerdo con sus puntos de vista, este tipo de persona se empeña en “demostrarle” que está en una equivocación y que ella, en cambio, está en lo cierto. Pareciese en ocasiones como si se tratara de una lucha de quien convence más, de quien pone en evidencia motivos más contundentes, como si por eso, se llenara de unos dotes especiales por encima de los demás.

Lo cierto es que este tipo de comportamiento es propio de quienes están centrados en el ego y han olvidado su verdadera esencia. Más allá de esto, en lugar de autoestima, puede que lo que presenten sea soberbia o arrogancia. Por lo tanto, un comportamiento negativo que se basa en una actitud negativa solo puede generar naturalmente tarde o temprano resultados negativos: problemas en las relaciones interpersonales, dificultades en el ámbito laboral, académico, afectivo o en cualquier otro.

Recordemos siempre que no vinimos al mundo a “tener la razón” sino a ser felices. En ocasiones es preferible, incluso, decirle al otro que está en lo cierto para que cese la discordia (sobre todo cuando se vuelve muy insistente en algo y está desperdiciando el tiempo preciado que estamos compartiendo a su lado) que dedicarse a ponerle más objeciones o a entrar en discusiones estériles. Además, puede que ambos tengan la “razón” relativa en algo y que ambos tengan verdades parciales, al fin y al cabo, no todo es blanco ni es negro, pues también existe una amplia gama de colores.

Asimismo, ¿de qué sirve tener la razón si no se es feliz? De nada. Ten presente a cada momento que viniste al mundo a ser feliz, no a llenar las expectativas del otro, viniste al mundo para aprender y disfrutar de la vida aun con sus variantes situaciones, unas más agraciadas que otras, viniste al mundo a cumplir tu misión personal, no a que estén de acuerdo con todo lo que pienses, viniste al mundo a ampliar tu campo de consciencia y a cultivar sentimientos benévolos, no a seguir dogmas en contra de tu voluntad, viniste al mundo a brindar lo mejor de ti, a vivir experiencias que te enriquezcan y a avanzar en tu propio desarrollo humano basándote en tu propio amor.

Claro está que dependiendo del contexto o de la situación, la habilidad argumentativa y de exponer razones se hace muy importante, por ejemplo, si estás en una plenaria, en una mesa de trabajo para tomar decisiones, en un debate académico, etc. Pero aún así, es preferible ser flexible para reconocer nuevas ideas, para integrar las ideas propias y las de los demás, para permitir que fluyan las relaciones en un clima de comprensión y de tolerancia. En lo que sí necesitas ser lo suficientemente firme es en tus valores personales. Si, por ejemplo, desde pequeño te han inculcado el valor de la honestidad, de la honradez, de la responsabilidad, de la lealtad, de la solidaridad y demás cualidades ¡consérvalas! y esto no significa que vayas a luchar contra los que no tengan tus mismos valores.

Una vez más, para esto se hace preciso que confíes en lo que tú eres en esencia (amor en acción) y que no te dejes llevar por el ego o por lo que la sociedad dice necesariamente que debes hacer para ser feliz. La invitación es a que entres más a menudo en contacto con tu voz interior a través del silencio y de la quietud; establece una alianza pacífica entre tu “razón” y tu “corazón”. Ambas instancias tienen qué aportarte en tus elecciones de vida. En todo momento, procura que cada paso que des vaya en la misma dirección de tu felicidad y esté alineado con la paz. ¿Algo te hace feliz y no obstruye la felicidad del otro?, pues anda y acógelo. ¿Hay una idea que te hace feliz y no atenta contra la vida de nadie?, entonces corre a cultivar esa idea. ¿El otro te dice que estás equivocado o que no es verdad lo que estás pensando? Bueno, pues déjalo que opine lo que desee; no te esfuerces en contradecirlo.

En el interior de cada ser humano reside su propia verdad, pero muchas veces esta verdad no es escuchada o no se le presta la suficiente atención porque falta confiar más en uno mismo y dejar de creer que las respuestas se encuentran “afuera” o externas a nuestro ser. Algo tan simple como cuando preguntamos: ¿cómo me queda esta ropa? y si de la respuesta que nos den va a depender nuestra forma de sentirnos, demuestra claramente falta de solidez en nuestro fuero interno. Así pues, a confiar más en nosotros mismos y a ser felices, haya o no haya “razones lógicas” de serlo.

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Comentarios

  • Stevens Fernandez Publicado 9 horas ago

    Siempre “querer tener la razón” fue un tema que me causó muchísimos problemas durante años. La verdad es que, cuando empiezas a tener la suficiente autoestima lo superas, sin embargo, el proceso a veces es doloroso pues nuestro ego bastante necio que es jaja.

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