El Perfeccionismo Puede llevar a la Depresión -Por Bernardo Stamateas-

Evita el mal perfeccionismo. La gente perfeccionista, muy exigente consigo mismo y con los demás, tiene problemas de estima. Creen que el ser exigentes con todo el mundo los va a llevar a la excelencia y ¡eso es mentira! El perfeccionismo nunca te lleva a la excelencia.

La persona perfeccionista o exigida siempre está insatisfecha con lo que hace. Siempre siente que aunque hizo las cosas bien, podría haberlas hecho mucho mejor.

Se vuelve lento porque necesita revisar más de una vez lo que hace y siente que siempre falta algo para que su tarea esté perfecta.

 

Es crítico consigo mismo y con los demás, por eso la gran mayoría de los depresivos son personas perfeccionistas.

Evita el mal perfeccionismo

El perfeccionismo puede llevar a la depresión, ya que la persona asocia su autoestima con sus logros, si logra algo, se siente bien, y si no lo alcanza, se siente mal porque su autoestima está asociada a la capacidad de hacer cosas.

  • El perfeccionista tiene metas ilógicas:
  • Quiere bajar 20 kilos en una semana
  • Una mujer de 60 años quiere tener el cuerpo de una mujer de 20
  • Se pone un plazo de tiempo que no puede alcanzar y se frustra
  • Es rígido en su manera de hacer las cosas, por eso cuando vienen los cambios se deprime y no puede avanzar
  • Cree que si se exige más y más lo va a alcanzar
  • Tiene el principio de “querer es poder”, debe lograr si o si lo que se propone

Busca logros necesarios

El perfeccionista quiere tener logros pero no los alcanza porque necesita del equipo y los principios necesarios. Es como el que anda a caballo y tiene puestos los ojos en la meta pero no mira al animal, si tiene hambre o sed, si es capaz de llegar a destino. Se exige y le exige a los demás porque pone los ojos sólo en la meta y dice: “Hay que llegar cueste lo que cueste, sea como sea lo tenemos que lograr”. pero no considera si tiene recursos para hacerlo.

El camino correcto es el de la excelencia que nos permite ser personas exitosas en dos aspectos:

  1. El Carácter armonioso.
    Tenemos que esforzarnos por llegar a tener un carácter armonioso, pacífico, maduro. Si bendices al otro y te alegras de las cosas buenas de los demás, atraes a tu vida lo mejor de los demás.
  2. Los logros.
    En el camino de la excelencia y del éxito no solamente debe crecer nuestro carácter, sino que debemos buscar resultados en todas las áreas de nuestra vida.

Basa tu estima en la fe

Si anhelamos tener logros en nuestra vida que sean cada vez mayores, necesitamos tener una estima indestructible. Cuando tu estima está basada en la fe, todo aquello que creas para ti mismo será posible. Tu estima será indestructible y lograrás ensancharte, crecer, multiplicarte, mejorar, superarte, avanzar.

Habla bien sobre tu vida, suelta palabras de mejora, de superación, de éxito. Aprende a felicitarte, reconocerte, bendecirte, regalarte, ponerte la mejor ropa. Eso no es orgullo porque detrás del orgullo se esconde la baja estima. Nadie más puede marcarte la estima ni levantarla por ti. Sólo tú puedes construirla y mejorarla cada día. Obsérvate como un triunfador y todo lo que hagas te saldrá bien. Cuando tus niveles de fe y de confianza contigo mismo crezcan siempre tu nivel de conquista aumentará.

Ocurrirán cuatro cosas a medida que tu estima comience a ser sanada:

  1. Vas a liberar de tu interior todo el potencial que ya te ha sido dado. Ya tienes todo lo que necesitas para tu éxito y eso se libera con una estima sana y fuerte.
  2. Atraerás a las mejores personas a tu vida. Si eres positivo atraerás a tu vida gente positiva hecha a tu imagen y semejanza. Una estima grande hace que se acerque a ti la gente más maravillosa de la Tierra, gente que recibe de ti pero también te bendice y te da cosas buenas a cambio. Los mejores compañeros de batalla para el logro de tus sueños.
  3. Vas a inspirar a otras personas. Tu estima creciente contagiará a tu familia, tus amigos, tus vecinos, tus compañeros de trabajo.
  4. Darás a conocer tu “Yo” sano.

Veamos algunos aspectos de un “Yo” sano:

La autoimagen. Es cómo me veo a mí mismo: ¿me veo bien o me veo mal? ¿me gusto cómo soy? ¿me gusta cómo es mi cuerpo?

La autovaloración. Es cuánto valgo yo. Una persona con una estima sana dice: “yo valgo”, “yo soy importante”

La autoconfianza. Es la capacidad de saber qué puedo hacer y qué no puedo hacer. Una persona que tiene autoconfianza cree que puede hacer determinadas tareas, puede aprender a hacer nuevas tareas y puede aprender a corregir sus errores. Evita el mal perfeccionismo.

Un abrazo,

Elías Berntsson

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