Puedes Cambiar tu Estrella -Por Dante Gebel-

Puedes Cambiar tu Estrella. ¿Quieres sentir lo que pasa por el corazón de un joven acomplejado? Dante Gebel, desde los doce años tuvo un gran problema de alimentación, mezclado con el inevitable crecimiento de la adolescencia, podía consumir un cóctel de vitaminas, pero nada podía hacer que engordara una mísera libra.

Sus piernas parecían las un avestruz, y las rodillas eran unas tapas que sobresalían deformemente por sobre el pantalón. Una nariz prominente y ojos saltones, terminaban de completar el menú para transformarse en alguien totalmente introvertido con un mundo interior en caos.

No tengas en poco lo que trato de detallarte, solo el que ha estado (o si estas todavía) en esa estación de la vida, puede recordarlo con una amarga sonrisa. Los zapatos especiales para pies planos. Las enormes orejas que no podías aplastar ni ocultar con el pelo.

Esa estúpida tartamudez cuando ibas a hablar en público, la voz aflautada y esos granos, oh, esos intrusos terroristas que se habían propuesto arruinar tu cara y el resto de tu reputación. ¿Has estado allí?, si reconoces ese amargo lugar de la desubicación y la estima destrozada, seguramente aún sonríes con cierto aire a dolor y nostalgia.

No vivas de complejos

Todavía recuerda Dante su apodo en el nivel secundario, le molestaba, le marcaba a fuego cada vez que lo pronunciaban. Su estructura física era tan endeble, tan frágil, que le bautizaron “Muerto”. A la hora de elegir los equipos para un enfrentamiento deportivo nadie quería al “Muerto” entre sus filas.
-Ni siquiera sabe correr.
-No es que no sabe, no puede… ya se murió, está pálido, no tiene color.
A la hora de los chistes, un gordito con la estima hecha añicos, y el “Muerto” éran el blanco perfecto para las bromas pesadas.

Pero lo peor llegaba con el verano, tres largos y febriles meses de tortura. Dante tenia que ingeniárselas para no usar pantalones cortos. Estos acentuaban mucho más sus piernas pálidas y delgadas. A un acomplejado jamás le importa si hace demasiado calor, las mangas largas eran el refugio de unos brazos esqueléticos. La abundante vestimenta siempre parece protegerte de las ácidas bromas o las miradas indiscretas del prójimo.

Cree en tu futuro

Si a los quince años, todo el mundo que conoces, opina que estás “muerto”, no tienes un futuro alentador. Afortunadamente, la historia dice que mucha gente “muerta” decidió cambiar su destino:

-Algún día seré un caballero del rey -dice el niño rubio, mientras observa un desfile militar.
-Ja, ja, ja! ¿Un caballero? ¡El hijo de un techador quiere ser un caballero! -se burla un vecino algo viejo y molesto por los sueños de un niño demasiado ambicioso, sería más fácil cambiar las estrellas, antes que seas un caballero.
El niño siente la daga del sentido común que lo atraviesa.

La lógica dice que él no tiene sangre de nobleza, ya lo dijo el vecino: Es el hijo de un techador, apenas un reparador de goteras.
-¿Podré algún día cambiar las estrellas? -pregunta a su padre.
-Siempre que quieras, podrás cambiar tu estrella -responde el sabio techador.

La película se titula “Corazón de caballero” y narra la historia de alguien que logró cambiar su destino, trastrocó la lógica, se peleó con el sentido común. Debió ser techador, pero prefirió anhelar ser caballero. Se enroló en los combates como si fuese un noble, logró tantas victorias, que para cuando descubren que no tiene sangre de nobleza, ya es demasiado popular, demasiado campeón. Y un rey le otorga el verdadero título al mérito. Un corazón de león que cambia su futuro aunque esté “muerto”. Tu puedes de igual manera cambiar tu estrella.

-Ustedes pueden impedir que yo sea médico -les dice Patch Adams a toda una comisión de importantes doctores-, pueden despedirme de la facultad de medicina. Pueden negarme el diploma. Pero yo seré médico en mi corazón. No pueden quebrar mi voluntad, no pueden detener a un huracán. Siempre estaré ahí. Ustedes deben elegir si desean tener un colega… o una espina clavada en el pie.

Decide, tu Puedes cambiar tu estrella

Los médicos escuchaban aturdidos al aspirante, que en pocos meses, con métodos poco ortodoxos como el humor, o la contención afectiva de los pacientes, había logrado sanar a mucha gente. Otra vez el mismo denominador: No eres noble, eres techador. Pero no se puede quebrar al que está decidido a cambiar su estrella, y Patch Adams, llegó a ser uno de los especialistas más reconocidos del mundo, fundando su propio centro asistencial, que luego se extendería a todo el planeta, con una terapia que revolucionaría al doctorado mundial.

Ahora, obsérvate con cuidado: techador, sentenciado por el dedo huesudo de un líder sin piedad, o preso en la oscura celda del complejo. Quiero que entiendas lo que voy a decirte. Cierra tu puño con fuerza porque vas a cambiar tu herencia. Aún recuerdas a Dante Gebel cuando tenía doce años; sigue cerrando tu puño con fuerza hasta que casi sientas que puedes clavarte las uñas en la palma.

Tengas doce años… o cincuenta. Nunca olvides estas palabras: tienes corazón de caballero, posees la llama sagrada. La espada del Gran Rey se posa sobre tu hombro derecho y ha de cambiar tu futuro para siempre. Ahora, escucha las palabras del Rey, una por una, digiérelas, memorízalas para siempre, transfórmalas en tu lema, tu escudo de nobleza, y es que: Puedes cambiar tu estrella.

Un gran abrazo,

Elías Berntsson

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